- República Semanal
- Posts
- Más pensamiento, menos algoritmo
Más pensamiento, menos algoritmo

¡Buenos días!
Nuevo ciclo escolar, viejos dilemas y nuevas tecnologías. Con el inicio de un nuevo ciclo escolar, la educación vuelve a enfrentar preguntas de fondo sobre cómo enseñar y evaluar en un entorno marcado por la inteligencia artificial. María Esther Cabral, doctora en educación y experta en e-learning, sostiene que la tecnología no debe desplazar lo humano, sino fortalecer el pensamiento crítico. Desde su experiencia en Paraguay y la región, plantea los retos urgentes que docentes y sistemas educativos deben afrontar este año.
La noche de la espera y los gestos que sostienen. Mientras adentro del hospital se confirman diagnósticos que cambian una vida, afuera la noche se llena de frío, silencio y espera. Familias enteras aguardan noticias que pueden ser una despedida, sosteniéndose entre la incertidumbre y el cansancio. En medio de ese dolor, aparecen gestos mínimos —un café caliente, un plato de comida, una palabra breve— que no prometen consuelo, pero acompañan cuando más se necesita.
De aliado útil a obstáculo político. En su análisis sobre la crisis tras las elecciones en Honduras, Reynaldo Rodríguez sostiene que Salvador Nasralla terminó aislado por un sistema electoral frágil y por un nuevo consenso entre las élites políticas. Tras servir como plataforma de crecimiento para el Partido Liberal, quedó atrapado entre la impugnación fallida de los resultados y la disputa interna por el control del partido. Según Rodríguez, cualquier movimiento que intente ahora solo profundiza su pérdida de espacio político.


DOCTORA EN EDUCACIÓN Y EXPERTA EN PROYECTOS E-LEARNING
María Esther Cabral: “Necesitamos humanizar nuevamente la educación”

Por: Gérman Gómez
Para María Esther Cabral, doctora en educación y experta en proyectos e-learning, la irrupción de la inteligencia artificial obligó a repensar cómo se enseña, cómo se evalúa y qué sentido tiene hoy educar. A través de su experiencia en Paraguay, en donde nació, y en la región, expone los retos de iniciar un nuevo año escolar.
Cabral insiste en tres ideas centrales: formar pensamiento crítico, humanizar la educación frente a la automatización y preparar a las personas para la vida real, no solo para el mercado laboral digital.
¿Cómo impactan los últimos cambios tecnológicos en la forma de educar a las nuevas generaciones?
—Nos encontramos en un punto muy ligado a los cambios tecnológicos de 2024 en materia educativa. Ese año marcó un antes y un después. Las nuevas tecnologías han transformado lo que conocíamos como educación tradicional, especialmente con el desarrollo de la inteligencia artificial generativa.
Antes de 2024, la evaluación digital funcionaba de otra manera. Hoy muchos docentes están en transición al examen en papel porque existen modelos de inteligencia artificial que responden fácilmente preguntas evaluativas. Esto marca un cambio de paradigma que debemos comprender y afrontar año con año.
Todo un reto, máximo cuando se inicia un nuevo ciclo escolar.
¿Desde cuándo se desarrollan las habilidades digitales en educación?
—El desarrollo de habilidades digitales data desde 2008, sobre todo para quienes somos educadores. Sin embargo, a muchas personas les costó entender que la tecnología es una herramienta de apoyo a la educación.
En mi caso, abrazo profundamente la profesión docente y la disrupción. Tengo un compromiso con niños, adolescentes y hoy también con adultos, para que desarrollen habilidades para la vida, no solo para ejercer una profesión. Eso falta en toda la región.

¿Qué significa educar para la vida y no solo para el trabajo?
—Cuando hablamos de la universidad, no solo debemos pensar en el ejercicio profesional, sino en el entorno laboral y fuera de él. Mi compromiso es decirle a mis colegas que no debemos reducirnos a formar habilidades solo profesionales.
La carrera profesional debe definirse desde el amor hacia lo que una persona quiere hacer. Hoy vemos que educar implica preparar para resolver situaciones cotidianas, personales y sociales, no únicamente laborales.
¿Cómo debe abordarse la inteligencia artificial en el aula?
—La inteligencia artificial tiene más de 50 años desde que inició, pero no la conocíamos como hoy en día. La inteligencia artificial generativa cambia la práctica, pero no se soluciona con una prohibición o con regresar al papel.
La evaluación debe entenderse como mejora continua, no como castigo ni simple aprobación. Nuestro objetivo como educadores es que el estudiante aprenda y desarrolle habilidades para la vida, como el pensamiento crítico y reflexivo.
¿La inteligencia artificial pone en riesgo el pensamiento crítico?
—Sí, existe un riesgo, pero depende de cómo la abordemos. Como educadores, debemos enseñar a niños y niñas a desarrollar pensamiento crítico ante contextos reales. Yo no voy a pedirle a ChatGPT que interprete una conversación por mí o que actúe por mí. Eso no reemplaza la capacidad humana de análisis, reflexión y juicio.
¿Está de acuerdo con modelos educativos totalmente automatizados?
—Vi una entrevista sobre una escuela donde todo funciona con inteligencia artificial y no hay maestros. Yo no estoy de acuerdo con eso.
Necesitamos humanizar nuevamente la educación. Recuperar la empatía y la socialización. La ausencia de estos procesos genera conflictos, especialmente en niños pequeños que no desarrollan habilidades sociales básicas.

¿Qué rol debe tener la inteligencia artificial en educación inicial y básica?
—En educación inicial y básica se necesita desarrollar habilidades sociales y comunicativas. La inteligencia artificial debe verse como una herramienta de apoyo al docente, no como sustituto.
Eso no significa aislar a los estudiantes de la tecnología, sino enseñarles para qué sirve, cómo usarla y, sobre todo, cómo hacerlo de forma ética.
¿Qué beneficios concretos ofrece la inteligencia artificial a los docentes?
—La inteligencia artificial reduce enormemente la carga administrativa. Permite crear materiales, planes, videos, pódcast y presentaciones en segundos, con buenos prompts y contenido sólido.
Incluso podemos plantear situaciones a los estudiantes para que produzcan contenidos y luego confrontarlos con el conocimiento académico basado en investigación. Hay que considerar que la inteligencia artificial también comete errores o inventa información.
¿Por qué es clave trabajar la ética en el uso de tecnología educativa?
—Porque la inteligencia artificial presenta alucinaciones, que para mí son ausencias en su base de conocimiento. Por eso debemos enseñar a contrastar, verificar y ajustar la información.
No podemos aceptar respuestas sin análisis. El conocimiento académico debe ser certero, basado en evidencia y pensamiento crítico.
¿Qué carencias observa en el sistema educativo actual?
—Necesitamos trabajar pensamiento crítico y reflexivo de verdad. No basta con leer, transcribir y responder preguntas directas.
Como educadores debemos aprender a hacer preguntas inteligentes, igual que cuando interactuamos con inteligencia artificial. Preguntas genéricas generan respuestas genéricas.

¿Cómo influyen los asistentes virtuales en las relaciones humanas?
—La inteligencia artificial generativa siempre está a disposición. No se niega, no cuestiona, halaga al usuario. Mucha gente prefiere hablar con la inteligencia artificial que con otra persona.
Hay casos donde las personas consultan sobre relaciones laborales o personales con estos sistemas. Entregan información sensible que luego puede usarse en su contra.
¿Qué otros vacíos educativos considera urgentes atender?
—La educación financiera es un gran pendiente. Hay personas endeudadas porque nunca aprendieron finanzas básicas.
También falta integrar disciplinas. Enseñamos matemáticas, comunicación y ciencias como “cajitas separadas”, cuando en la vida real resolvemos problemas con la integración de conocimientos de distintas áreas.
¿Qué desafío estructural tiene la sociedad frente a lo digital?
—Tenemos un desafío como sociedad. No hemos entendido que la educación debe cambiar. Debemos enseñar a cuidarse en el mundo digital desde edades tempranas.
Estas habilidades ya no son opcionales. Vivimos más en el ciberespacio que en el mundo físico. Eso exige políticas públicas y una reforma educativa profunda en toda la región.
Fotos: Gary Alvarado / República
Ana González
La noche afuera del hospital: dolor, espera y un gesto de humanidad
779 palabras | 5 minutos de lectura

Carolina recibió una llamada que nunca quiso recibir. Al otro lado de la línea le avisaron que su esposo había fallecido. Treinta años de vida compartida se resumieron en una frase breve, imposible de asimilar. La causa de muerte: choque séptico y neumonía, le dijeron. No hubo más explicaciones, solo la instrucción de llegar al Hospital General de Enfermedades del Seguro Social lo antes posible.
La noche ya estaba avanzada cuando llegó. El frío golpeaba con fuerza en la zona 9 y las luces blancas del hospital no daban abrigo. En la entrada, el primer paso fue cumplir el protocolo: dar sus datos al guardia de seguridad, explicar el parentesco, esperar autorización. Le indicaron que solo dos personas podían ingresar a la morgue, una medida pensada, quizá, para brindar apoyo si la realidad resultaba insoportable.
El ingreso fue breve. Dentro, la persona encargada del lugar intentó ser lo más empática posible. No hacía falta decir mucho. Sabía exactamente el momento que Carolina estaba viviendo. Probablemente lo enfrenta todos los días: acompañar a quienes llegan a despedirse sin haber tenido tiempo de prepararse.
Cuando vio el cuerpo, Carolina lloró. Gritó y se derrumbó. El llanto salió sin control. Apenas un día antes lo había visitado en ese mismo hospital. Aunque era consciente de que el diagnóstico no era esperanzador, se aferraba a un milagro: a la posibilidad de que su esposo y padre de sus tres hijos —el más pequeño, de apenas 13 años— regresara a casa. La realidad llegó de golpe, sin aviso ni tregua.
Hubo que sostenerla por un momento. El protocolo siguió su curso mientras el dolor se desbordaba. No hay forma de prepararse para reconocer el cuerpo de quien fue compañero durante treinta años. Hay escenas que se repiten a diario en ese lugar, pero para quien las vive son únicas e irrepetibles.
Después vino otra espera. En una pequeña capilla, fría y silenciosa, Carolina aguardó el informe médico que permitiría a la funeraria retirar el cuerpo. Las horas avanzaron lentamente. Sentada, con la mirada perdida, intentaba mantener la calma en medio de un dolor que sabía bien la acompañará por mucho tiempo.
Horas más tarde, el personal de la funeraria llegó. Firmas, indicaciones breves, palabras medidas. Carolina seguía ahí, presente pero distante. La viudez no siempre llega con llanto inmediato. A veces llega como una neblina espesa que tarda en disiparse.
Mientras todo eso ocurría dentro, afuera del hospital la noche seguía su curso. Familias enteras esperaban un diagnóstico. Personas que no sabían si la próxima noticia sería una mejoría o una despedida. Algunos permanecían sentados en sillas de plástico; otros, de pie, apoyados en las rejas o en las aceras, compartiendo la misma incertidumbre.
Desde el área de pediatría se veía otro rostro de la madrugada. Taxis que se detenían frente a la entrada y padres que descendían con sus bebés bien abrigados, tratando de protegerlos del frío. Los cargaban con cuidado, apurando el paso. Los llantos rompían el silencio y evidenciaban que la situación los había obligado a buscar atención médica en plena noche.
Quienes llegan solo a acompañar
En medio de esa espera, otras personas comenzaron a llegar en pick up. No venían por un diagnóstico ni por un familiar hospitalizado. Bajaban con termos humeantes, bolsas y platos. Caminaban despacio entre quienes aguardaban noticias, ofreciendo café caliente y comida a desconocidos, a los guardias y hasta a las enfermeras que salían un momento a tomar aire. Los saludos eran breves, pero cercanos. Era evidente que no era la primera vez que llegaban así, en plena madrugada, cuando el cansancio y la incertidumbre pesan más.
Más tarde, una pareja de esposos recorrió el lugar preguntando, uno por uno, si alguien deseaba pan con frijoles y una taza de café. No pedían nombres ni historias. Se detenían frente a cada persona, asegurándose de que nadie se quedara sin recibir algo caliente. En medio de la angustia y el frío, esos gestos sencillos no resolvían el dolor, pero ofrecían un respiro, una forma silenciosa de decir: no están solos.
Nadie los grababa. Nadie los entrevistaba. No buscaban reconocimiento. En esas horas, ser calma era suficiente. Mientras el sistema avanzaba con su ritmo lento y la noche se alargaba, estas presencias anónimas llenaban vacíos que no aparecen en ningún informe oficial.
Con el paso de las horas, pocos se levantaron y se fueron. Otros siguieron esperando, aferrados a una respuesta. Afuera del hospital quedaron historias que casi nadie ve: despedidas abruptas, padres angustiados, gestos silenciosos de solidaridad. Carolina se fue con una ausencia imposible de llenar. Y su historia, aunque hoy tenga su nombre, volverá a repetirse en otras familias, en otras madrugadas que nadie mira.

Reynaldo Rodríguez
Nasralla en zugzwang
672 palabras | 4 minutos de lectura

El cenit de las elecciones hondureñas se fraguó en la reciente crisis poselectoral. El sistema electoral del país es débil: permitió los alegatos de fraude desde múltiples sectores de poder, pues la victoria se alcanzó a través de márgenes minúsculos. El contexto geopolítico, a pesar de proveer el último empujón hacia la victoria al presidente electo, Nasry Asfura, también polarizó las elecciones y sus resultados. En este contexto, el mayor perdedor no es el oficialismo – a pesar de encontrarse en una posición política precaria –, sino que fue el que abanderó por una década el descontento poblacional: Salvador Nasralla.
¿Quién engañó a Roger Rabbit?
Salvador Nasralla fue el buen viento para el Partido Liberal, consiguiendo ampliar sustancialmente su presencia en el Congreso. El Partido Liberal, astutamente, se prestó como plataforma para el excandidato. El resultado se tradujo en un crecimiento de aproximadamente 100 % en votos para escaños legislativos comparados con la última elección. No obstante, las élites del partido también dependían de una derrota de Nasralla. Así, podrían revivir un partido muerto con el management anterior.
Como Roger Rabbit, la pregunta central para los actores con poder no es quién fue Nasralla para las elecciones, sino quién debe ser ahora. Washington lo declara un comunista, el Partido Liberal como un estorbo desestabilizador y Libre, el partido oficialista, como un agente con diferentes fines, pero medio común – la deslegitimación electoral –. Mientras Nasralla pelea por alcanzar una victoria ansiada, un nuevo consenso tácito se forjó: el sistema expulsó al actor que latigó al oficialismo, pero no es útil para consolidar la gobernabilidad del siguiente ciclo político.
El Partido Liberal y el Partido Nacional ya han concordado en un nuevo equilibrio. El Ejecutivo será controlado por el ungido desde Washington, parte de la estrategia general de alienación operacional de Estados Unidos, mientras que el Congreso debe ser repartido entre las fuerzas históricas del país. La prioridad principal de los partidos será establecer una Presidencia del Congreso con las élites que conocen las formas políticas de negociación, mientras que los operadores políticos de Nasralla serán relegados a posiciones secundarias.
Entre malas jugadas... y peores
El presentador de televisión hecho político se encuentra en zugzwang: obligado a escoger movimientos que únicamente empeoran su situación. Al haber perdido las elecciones, cuyos resultados han sido vastamente promovidos como legítimos nacional e internacionalmente, para poder aferrarse al poder debe o desestabilizar el veredicto del árbitro electoral o manejar a las élites internas del partido para manejar el partido desde el Congreso.
La primera opción, la deslegitimación de los resultados electorales a través del recurso de impugnación, no surtió efecto. Además, narrativamente lo empuja a estar del lado del oficialismo, el cual utiliza a Luis Redondo, el actual presidente del Congreso, para no ser perseguidos retroactivamente en el siguiente ciclo político. Mientras Luis Redondo empuja a través del Legislativo la anulación electoral, Nasralla lo hace a través de su capacidad mediática. Esto lo ha enemistado con Washington y las nuevas conformaciones políticas que no desean revisar las elecciones, so pena de perder sus curules en una elección con márgenes mínimos.
Por otro lado, Nasralla se apropió momentáneamente del Partido Liberal por su utilidad sin escalar a través de las formas disciplinarias de un partido. Tuvo derecho al uso del partido, pero no tiene derecho al goce de este. Por tanto, las élites internas del Partido deben eliminarlo y reestablecer el control después de la bonanza electoral que han recogido. Su intento de dominar las estructuras del partido solo lo aleja más de este.
A Nasralla solo le queda una jugada: quedar relegado a las sombras, moviéndose para la siguiente elección. En ese caso, perdería la única plataforma estructurada electoral, el Partido Liberal, que puede llevarlo al poder – a menos que pretenda crear una desde cero en 4 años –. Además, después de la limpieza narrativa del Partido Nacional y asumiendo una buena administración de Asfura, ya no tendría la bandera que lo llevó a la fama: la cruzada anticorrupción.
Del repertorio de jugadas, todas son malas. El problema: tener que mover de nuevo.
![]() Por: Luis Enrique González | ![]() Por: María José Aresti y Braulio Palacios |


