Libros que guardan historias

¡Buenos días!

La librería que guarda historias y recuerdos desde hace más de 40 años. La Librería Marquense, en la zona 1, ha acompañado a generaciones de lectores y profesionales. Su dueño comparte cómo la pasión por los libros y la perseverancia la convirtieron en un referente cultural que sigue vigente.

La radio no se apaga. En el marco de un nuevo aniversario del Día Mundial de la Radio, celebrado el 13 de febrero, reflexionamos sobre la vigencia de un medio que ha marcado generaciones en Guatemala, desde la histórica TGW hasta emisoras más recientes como Radio La Chimalteca. Entre tradición, innovación digital y nuevos desafíos, la radio sigue al aire como un puente entre pasado y presente.

Un Estado atrapado en el pasado. En esta nueva entrega de Compás Institucional, es el turno de Ana Paola García, quien analiza cómo la desconexión entre Estado, legalidad y responsabilidad ha debilitado el orden político en Guatemala. Una reflexión sobre burocracia, normas obsoletas y la urgencia de actualizar nuestras instituciones para responder a la realidad actual.

DUEÑO DE LA LIBRERIA LA MARQUENSE, CON MAS DE 40 AÑOS DE HISTORIA Y UN LEGADO CULTURAL EN ZONA 1

Gustavo Hermelindo Ardiano: “Los libros aún tienen magia para quienes los buscan” 

Por: Gérman Gómez

Entre las avenidas que conducen al edificio del Ministerio de Finanzas Públicas (Minfin) y la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en la zona 1, destaca la Librería Marquense. Aunque inició en otra ubicación, desde hace más de 40 años tiene su sede en la 8.ª av. 19-55. El comercial comenzó de forma casi accidental y modesta. En la medida de las posibilidades de su fundador, Gustavo Hermelindo Ardiano Fuentes, la librería creció hasta lo que es hoy. 

En un inicio, Gustavo no pensó en vender libros. Ofrecía curiosidades como llaveros, gorras y pequeños artículos de la época. Entre esos productos aparecieron algunos libros. Luego probó con una tienda de abarrotes y refacciones para atender a quienes transitaban por la zona. Los alimentos que tenía a disposición de sus clientes eran agua, pan y sándwiches.  

Ese negocio exigía jornadas largas de trabajo, desde antes del amanecer hasta la noche. Comenzaban a las 4:30 de la mañana y culminaban pasadas las 8 de la noche. “Era muy sacrificado”, recordó. La experiencia duró cerca de un año. El terremoto de 1976 le abrió la oportunidad a Gustavo para iniciar la Librería Marquense. 

Gustavo ocupaba un espacio alquilado dentro de una ferretería ubicada en la 8.ª av. 19-55 de la zona 1. El dueño del negocio quedó desmoralizado por los daños del terremoto y decidió retirarse de la industria. Ese hecho permitió que Gustavo localizara a la propietaria del inmueble. Ella aceptó alquilarle la casa con una condición: debía cubrir seis meses de renta atrasada y asumir las reparaciones.  

En ese momento, la renta mensual era de GTQ 125. Con ese acuerdo, obtuvo un lugar estable para su negocio. También decidió dedicarse solo a los libros. Primero vendió la tienda y todo su mobiliario. Con ese dinero empezó a comprar las obras que después vendería a una diversidad de clientes. 

Libros y papelería: un negocio en expansión 

En esos años todavía se podía estacionar frente al local. Poco después, tras el terremoto, varias oficinas públicas se trasladaron a la 8.ª avenida de la zona 1, donde hoy se ubica el Minfin. El flujo de personas aumentó y la librería ganó visibilidad. La demanda de obras creció y, según cuenta Gustavo, muchos profesionales llegaban con pedidos especiales a su librería. 

Con el tiempo, él incorporó artículos de papelería: sobres manila, papel sellado y útiles de oficina. Sin embargo, en el centro del negocio siguieron los libros. Empezó a anunciar que compraba bibliotecas de coleccionistas y familias. La década de 1980 le trajo una oportunidad inesperada. Muchos profesionales salieron del país y, antes de irse, le vendieron sus bibliotecas.  

Gustavo recorrió casas en las zonas 1, 9, 10, 11 y 15. “Yo iba a traer los libros”, explicó. Esa dinámica multiplicó su inventario e incluso las instalaciones de la librería no se daban abasto. Uno de los episodios más importantes ocurrió con una librería de la zona 10, en el edificio Géminis. Su dueño, un extranjero, decidió vender por amenazas y extorsiones. Tenía una sección de arte con libros en inglés y grandes volúmenes ilustrados.

No pudo comprar todo el negocio, pero sí la mayoría de los libros. “Parecía poco, pero al empacarlos llenamos un camión”. Esa compra le dio diversidad a su catálogo. El espacio pronto resultó insuficiente. Las paredes mostraban grietas del terremoto. Quitó ventanas y puertas para instalar estanterías. Incluso eliminó una pila grande del patio para ganar lugar. Cada habitación se llenó de libros.  

Además, necesitó mostradores para lápices, borradores y cuadernos. La librería se transformó en un laberinto de estantes. Al frente colocaba mesas con libros de cinco y diez centavos. “La gente se los llevaba por bolsas”, explicó. En ese tiempo, en la capital existían pocas librerías conocidas. Según recordó, era la de Don Pepe, Premio Nobel y Platón. Cuando Don Pepe desapareció, muchos acudieron a la Marquense para vender bibliotecas. 

Libros que viajaron a las universidades 

La acumulación llegó a tal punto que Gustavo alquiló una bodega en las cercanías del parque de San Sebastián, en la zona 1, atrás del actual Tribunal Supremo Electoral (TSE). Allí instaló más estanterías para clasificar los libros. En 1983 decidió salir del local y vender en otros lugares. Probó en la sede de la Universidad de San Carlos (USAC), en Quetzaltenango.  

Los estudiantes agradecieron la llegada de textos de historia y literatura. En muchos pueblos, las librerías vendían más papelería que libros. Por eso, encontrar obras formales les causó sorpresa. En Quetzaltenango conoció al rector de ese entonces de la Universidad Rafael Landívar, quien le dejó su tarjeta. Meses después, Gustavo llevó más libros a esa universidad.  

El resultado fue inesperado para Gustavo: la biblioteca de la universidad le compró cerca del 40% del lote y el rector otro 20% o 25%. Ese éxito lo animó a participar en la Feria Municipal del Libro. También compró el inventario de una librería formada con ediciones argentinas, sobre todo de psicología y literatura crítica. Aunque el precio inicial era alto, llegó a un acuerdo; “fue una compra admirable”. 

Raíces, familia y legado 

Gustavo llegó a la capital desde San Marcos cuando tenía 14 años. Trabajó siete años en un taller de mecánica. Allí aprendió a moverse en la ciudad. Luego conoció a don Francisco Lou Fong, dueño de una pequeña librería llamada Comercial. Lou le ofreció trabajo y le puso una condición: debía seguir con sus estudios.  

Cursó básicos en el Instituto Central Mixto Nocturno y luego se graduó de perito en comercio. “Él fue como mi segundo padre”, recordó con una sonrisa en su rostro. Lou lo impulsó a abrir la miscelánea y puso el negocio a nombre de Gustavo para evitar futuros conflictos familiares. Antes de morir, le pidió que cuidara de sus hijos. 

Esa herencia moral marcó su forma de trabajar. También aprendió a ahorrar. “De cada pago, una parte iba al banco. Ganaba GTQ 75 y GTQ 25 eran para mi guardadito”, recuerda. La librería adoptó varios nombres. Primero se llamó Miscelánea Marqués. Luego funcionó como tienda. Finalmente, quedó como Librería Marquense. El nombre alude a su origen en San Marcos: “es por amor a mi tierra”. 

Aunque sus padres murieron en 2010, él viaja con frecuencia al departamento que lo vio nacer. Su familia también participó en el negocio. Su hermano, maestro y estudiante de Derecho, trabajó diez años con él. Era carismático y atento con los clientes. Murió en un accidente de tránsito a los 28 años, cuando regresaba de una feria del libro en San Pedro, San Marcos. 

“Fue un golpe muy duro. Era mi brazo derecho”, confesó. Además del local central, Gustavo abrió sucursales en San Marcos y en Antigua Guatemala. La de Antigua duró unos doce años y fue próspera gracias a clientes extranjeros, arqueólogos e investigadores. Entre ellos recuerda a Edwin Shook, especialista en el mundo maya.  

Shook le entregaba listas largas de bibliografía sobre Guatemala y Mesoamérica. Gustavo le llevaba cajas completas para que escogiera en su casa, ubicada donde hoy está Casa Santo Domingo. “Me quedé admirado de su biblioteca”, afirmó. Otro cliente destacado fue Miguel Shawcross, a quien mencionó como un comprador constante. 

Sobrevivir a robos, cambios y la digitalización 

El robo de un camión con libros y papelería lo obligó a cerrar la librería de San Marcos. Los viajes eran agotadores. Salía de madrugada y regresaba de noche. La pérdida lo desanimó. En Antigua continuó varios años más, hasta concentrarse solo en la sede de la capital. 

Con el paso del tiempo, la librería se hizo conocida por el boca a boca. “Vayan a la Marquense, ahí lo van a encontrar”, repetían maestros y estudiantes. La exposición al público, las ferias y las ventas en universidades consolidaron su prestigio. Hoy, Gustavo observa con atención el impacto de la digitalización.  

Reconoce que antes la demanda era mayor. En los años setenta y ochenta, los libros se vendían con rapidez. La exhibición en la calle atraía a curiosos. Aún conserva ediciones antiguas de gran calidad: colecciones de Aguilar, clásicos como Don Quijote, ilustraciones en blanco y negro y series completas sobre América. Para él, esos volúmenes muestran una época en que el libro era un objeto artístico. 

Agradece cada entrevista porque considera que el periodismo ayudó a dar a conocer la librería. “Es valioso que vengan”, le dijo al equipo de República que lo entrevistó. Cree que Guatemala posee una bibliografía rica y poco explorada. Por eso insiste en mantener abierta la Marquense en la avenida que lleva al edificio de Finanzas; uno de los lugares más concurridos y transitados de la zona 1. 

En sus palabras, la librería ofrece variedad y atención cercana. Invita tanto a quienes ya la conocen como a quienes nunca han entrado. Para Gustavo, la Marquense demuestra que los libros aún tienen magia para quienes los buscan. 

Fotos: Gary Alvarado / República

 
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Gérman Gómez
La radio en la era digital: el desafío de evolucionar sin perder su esencia
787 palabras | 4 minutos de lectura

La radio apareció en Guatemala en las primeras décadas del siglo XX. Las primeras transmisiones fueron experimentales, de prueba y error. Ingenieros y radioaficionados impulsaron los ensayos técnicos. Entre ellos destacó Julio Caballeros Paz, considerado como el pionero de la radiodifusión nacional. En 1930 fundó la primera radio en el país. 

El presidente Lázaro Chacón autorizó su funcionamiento y la inauguró el 15 de septiembre con las siglas TGW, Radio Nacional de Guatemala.  Más tarde, adoptó el nombre La Voz de Guatemala. Pronto surgieron emisoras con programación estable, donde la música dominó la parrilla inicial. Los noticieros ocuparon un lugar secundario. 

En los años cuarenta y cincuenta, la radio vivió una expansión. El Estado otorgó concesiones de las frecuencias, lo que diversificó la oferta de ritmos. Las emisoras urbanas armaron programaciones que incluían boleros, marimba y música popular. También transmitieron radionovelas y programas de variedades. La respuesta de la audiencia fue positiva y permitió que la radio se convirtiera en la compañera del día a día. 

La radio fue tan importante a nivel mundial, que cada año se conmemora internacionalmente el 13 de febrero. 

La original, la Mundial 

Una de las frecuencias más recordadas por las generaciones que crecieron escuchando radio es Radio Mundial, una emisora que alcanzó gran prestigio en la capital. Transmitía desde el 700 AM (amplitud modulada) y desde el 98.5 FM (frecuencia modulada), con una programación que combinaba música, noticias y espacios deportivos. Además, realizó transmisiones en directo desde eventos públicos y fortaleció su vínculo con la audiencia.  

Radio Mundial destacó por su cobertura informativa. Dio seguimiento a sucesos nacionales e internacionales a través de su programa insignia: Comando Informativo. Este introdujo un ritmo más ágil en la narración de noticias; incluso, otras radiodifusoras lo replicaron. Muchos periodistas se formaron en sus cabinas. También sobresalieron los programas Marimbas de mi pueblo, Nochecitas mexicanas y Campiña, que dio origen al recordado programa sabatino de televisión. 

La Mundial actuó como estación piloto de la Cadena Azul de Guatemala.  Esta cadena integró otras radios que hoy ya no existen, como Emperador, Variedades, Escuintla, Victoria de Mazatenango y Tamazulapa de Jutiapa.  Además, sus fundadores administraron los canales 11 y 13 hasta 1995. 

A finales del siglo XX, la radio entró en competencia con la televisión. El público diversificó su consumo como medio de comunicación. La radio perdió parte de su centralidad. Para algunas personas, pasó a segundo lugar. Sin embargo, conservó su fuerza en áreas rurales. Allí siguió como medio principal y hasta la fecha se mantiene. Las nuevas tecnologías le han permitido adaptarse a la demanda actual. 

La portabilidad del aparato receptor de la radiofrecuencia fue clave por su bajo costo. Existieron versiones recargables y de baterías. Estas últimas son más difíciles de conseguir ahora. Algunos dispositivos carecen de la recepción de AM, únicamente aceptan FM. Aunque la oferta radial de la amplitud modulada es mínima, tiene presencia de radios cristianas. 

En el interior del país 

En contraste con emisoras de alcance nacional, existieron radios locales con fuerte arraigo comunitario. Un ejemplo fue Radio La Chimalteca. Esta emisora operó en el departamento de Chimaltenango a través de la frecuencia 101.5 FM. Su programación tuvo un enfoque cercano a la población. Difundió noticias municipales y avisos comunitarios. Promovió la música regional y la marimba. 

Sin embargo, Radio La Chimalteca dejó de transmitir el pasado sábado 31 de enero a la medianoche. Fue su último día al aire. En las horas previas a su cierre se realizó una programación especial. En ella se recordó el nacimiento de la frecuencia, los programas que emitía y su evolución a lo largo de los años. 

Los programas más recordados fueron: Desayuno Musical, Complaciendo al Instante, Las Gemelas, De Regreso a Casa con Vicente Fernández, Voces del Recuerdo y Carrusel Infantil. 

El cierre de La Chimalteca evidenció las dificultades del modelo local y cómo los costos de operación crecieron. La publicidad disminuyó. Las nuevas tecnologías restaron audiencia y la emisora enfrentó problemas administrativos. Finalmente, dejó de transmitir. Su cierre significó una pérdida simbólica para gran parte del occidente del país. 

El reto de la radio 

En las últimas décadas, la radio guatemalteca enfrentó una transformación profunda. La frecuencia modulada desplazó a la amplitud modulada en muchos casos. Los contenidos musicales dominaron las parrillas y los noticieros migraron a formatos breves. La opinión se trasladó a programas matutinos. La radio se adaptó al ritmo de la vida urbana. 

La llegada de internet alteró el ecosistema radial. Muchas emisoras crearon transmisiones en línea. Una oportunidad que permitió que el público pudiera escuchar desde el extranjero. Algunas radios comunitarias aprovecharon la red para sobrevivir. Hoy, la radio guatemalteca vive entre la tradición y la innovación. Conserva formatos clásicos, pero también explora pódcast y transmisiones digitales. 

 

 
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UNA INVITACIÓN DE CÁMARA DE INDUSTRIA DE GUATEMALA
Innovation & Technology Expo Congreso 2026- CIG

Cámara de Industria de Guatemala convoca al Innovation & Technology Expo Congreso 2026, se llevará a cabo el jueves 19 de febrero de 2026 en el Hotel Westin Camino Real, a partir de las 8:00 horas.

Por qué importa. Será un punto de encuentro para líderes, emprendedores y tomadores de decisión comprometidos con el desarrollo tecnológico del país. El evento fomentará el intercambio de ideas, la colaboración estratégica y el impulso de iniciativas que fortalezcan la innovación y la transformación digital en Guatemala.

Además, participarán en el panel “Transformación digital y estrategia empresarial” Julio Rafael del Cid Vielman, CEO de MAPFRE Seguros Guatemala,María Zaghi, comercializadora de tecnología de Campus Tec, y Rocío Pinto, co-fundadora y CEO de Multiverse.

En conclusión. Será uno de los eventos más relevantes en Guatemala, enfocado en tecnología e innovación empresarial, ideal para aprender, conectar y explorar tendencias y soluciones tecnológicas que impulsen el desarrollo personal y profesional, así como la mejora de los procesos empresariales.

Más información del evento aquí

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¿Por qué es importante el orden político para la institucionalidad?

Francis Fukuyama en su libro Orden y decadencia de la política (2014) define tres condiciones que constituyen el orden político: El Estado, el principio de legalidad y los mecanismos de responsabilidad. Explica que el Estado es una organización jerárquica y centralizada que ostenta el monopolio de la fuerza legítima en un territorio determinado, impersonal; el principio de legalidad son normas de comportamiento que reflejan consenso social y que vincula a los actores políticos; y la responsabilidad significa que el gobierno es sensible a los interese comunes. 

Las instituciones del Estado concentran poder y permiten a la comunidad hacer uso de ese poder para imponer el cumplimiento de las leyes, mantener la paz, la seguridad y proporcionar bienes públicos. En tanto, el principio de legalidad y mecanismos de responsabilidad generan un contrapeso ya que limitan el poder del Estado y aseguran se utilice de manera controlada y consensuada, recalca Fukuyama.  

Estos principios son clave para un Estado moderno funcional, son el reflejo de la experiencia y la madurez de la dinámica política. Pero ¿cómo traducimos este abstracto a la institucionalidad pública? ¿cómo comprendemos el orden político en nuestro contexto guatemalteco?  

Para aterrizar el abstracto del orden político es necesario reconocer el importante rol que juega la burocracia en la actividad administrativa del Estado. Este conjunto de individuos, funcionarios, regidos por normas y leyes son los que mantienen el aparato estatal funcionando. Son ellos quienes ejercen el poder legítimo para el cumplimiento de las leyes, para regular y operar “en beneficio común”. Estos seres humanos, ciudadanos igual que el resto, enfrentan una realidad dual pues deben ejercer su función y a la vez padecerla. Pasan de sus oficinas, sometidos al cumplimiento de normativas de hace más de 30 años que saben recitar de memoria, a dos horas (mínimas) de tránsito camino al supermercado a comprar comida para la semana (comida que ellos mismos autorizaron producir) a un costo elevado pensando en que la cotidianidad se volvió una tragedia.  

Estas normas desactualizadas ya no son reflejo del principio de legalidad, son normas que no responden a la realidad y mucho menos a un consenso social. Con una sociedad incapaz de llegar a acuerdos comunes para solucionar problemas estructurales que permita actualizar leyes como la de Contrataciones del Estado de 1992, Servicio Civil de 1998, de la Contraloría General de Cuentas 2002, Código de Salud de 1997 es difícil pensar que el Estado y su aparato burocrático responderán a las necesidades genuinas de los ciudadanos.  

Burocracia y normas obsoletas: el rostro del orden político debilitado en Guatemala

El Estado ha perdido el sentido de responsabilidad en intereses comunes limitando a que los órganos de gobierno se actualicen y maduren para definir un orden político que perita consolidar un Estado moderno. Entonces el burócrata podrá recitar la normativa de memoria y pretenderá aplicarla al pie de la letra por que esa es su función, sin ver que desatiende la realidad.  

Un claro ejemplo de ello es el dictamen que debe emitir el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala -IDAHE- en licencias de construcción, un Acuerdo Gubernativo de 1946 que pretende guardar el patrimonio cultural… creado cuando la ciudad de Guatemala aún no contaba con un sistema de distribución por zonas. Claramente la demanda en vivienda o infraestructura dentro de la ciudad no dimensionaba atender a más de tres millones de personas. Hoy en día, es prioridad atender esa realidad, claro, sin descuidar el patrimonio.   

Entonces ¿qué sucede en Guatemala? Sucede que las tres condiciones, según Fukuyama, actúan de manera aislada provocando que el Estado gobierne perdido de la realidad, que la ausencia de consenso social debilite el principio de legalidad y se pierda el sentido de responsabilidad del funcionario. Por tanto, tenemos un orden político débil, lo cual se refleja en autoridad poco reconocida, reglas inestables, instituciones semifuncionales y débil capacidad de gobierno, traducido en débiles instituciones políticas.  

¿Qué podemos hacer ante esta catastrófica realidad para fortalecer nuestro orden político? Primero que nada, partir de reconocer y hablar de lo que nos molesta. Han pasado más de 10 años desde que la infraestructura vial se convirtió en un dolor generalizado, fue hasta que la molestia sonó a lo unísono que comenzamos a ver luces de cambio. Promover la industrialización como catalizador de cambio social. La industrialización nos ha demostrado en un sinfín de países que incrementa la clase media, por ende, la masa crítica transformadora y exigente. Actualizar legislación y normativa de impacto social (Ley de Educación Nacional y Código de Salud) y a la actividad económica. Consecuentemente, sin darnos cuenta, con cada acción las instituciones se fortalecerán atendiendo necesidades reales y actuales.  

Por último, tomar consciencia y comprender que el orden político es un proceso de ajuste constante no estático. 

 
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Por: Ana González

Por: Ximena Fernández