La trampa digital de diciembre

¡Buenos días!

Privacidad en jaque durante las fiestas. El ingeniero en sistemas y experto en hacking ético, Marvin G. Soto, advierte que la privacidad digital es hoy el derecho más vulnerado y el riesgo más ignorado. Explica que diciembre concentra más ataques por compras, viajes y exceso de exposición en redes. Además, alerta que la brecha generacional y la falta de educación digital dejan a miles de familias peligrosamente desprotegidas.

Las laptops que sobrevivirán a la IA. En plena avalancha de ofertas, muchos equipos esconden procesadores y memoria de hace cuatro años disfrazados de gangas. Hoy, para sobrevivir a la era de la Inteligencia Artificial, el mínimo indispensable es 16GB de RAM y un procesador moderno con NPU. Elegir bien no solo evita frustraciones: garantiza una laptop rápida, eficiente y útil por los próximos 4 o 5 años.

Latinoamérica no gira, castiga. El análisis de Rafael P. Palomo sostiene que los cambios ideológicos en Latinoamérica no son virajes doctrinarios, sino reacciones de castigo ante gobiernos que no entregan resultados. La frustración acumulada erosiona la legitimidad del sistema y abre espacio a figuras antisistémicas con promesas de orden inmediato. Así, el ciclo de expectativas infladas y decepciones rápidas prepara el terreno para soluciones autoritarias y un desgaste creciente de la democracia.

INGENIERO EN SISTEMAS Y EXPERTO EN HACKING ÉTICO

Marvin G. Soto: ”Los ciberdelincuentes saben que diciembre es el mejor mes” 

Por: Gérman Gómez 

El experto costarricense en ciberseguridad Marvin G. Soto resaltó que la privacidad digital es hoy el derecho más vulnerado y el riesgo más ignorado por los usuarios. Destacó tres alertas clave: el exceso de exposición, el aumento de ataques en diciembre y la brecha generacional que agrava la vulnerabilidad digital de miles de familias. 

Hoy en día, las personas comparten cada detalle en redes sociales. Soto advirtió que la desinformación, ciertos patrones de comportamiento y la falta de educación digital crean un entorno ideal para ataques dirigidos y manipulaciones cada vez más sofisticadas. 

¿Cuáles son los peligros de publicar todo en internet? 

—La privacidad es el derecho más pisoteado, pese a ser fundamental. Pagamos para defenderla. Producimos contenido que nos deja viviendo en una casa de cristal. Estamos expuestos a cualquiera que observe nuestras actividades digitales y a sistemas que analizan nuestros patrones. 

Migramos del mundo analógico al digital sin comprender riesgos. Digitalizamos todo y olvidamos cuidarnos. Usamos herramientas que simplifican la vida, pero no asumimos que debemos mantener seguridad igual que en la calle. Transformamos nuestra rutina sin entender lo que implica entregar datos sin ninguna protección. 

¿Por qué el crecimiento acelerado de datos personales se vuelve riesgoso en fin de año? 

—En estas fechas incrementamos las compras, los viajes y la interacción en redes sociales. Eso significa que entregamos más datos sin darnos cuenta. Publicamos nuestras salidas, la casa vacía, los regalos, los destinos o los horarios. Vivimos en casas de cristal porque todo queda registrado en plataformas que absorben cada detalle.

Lo que parece una simple foto de celebración o un comentario sobre nuestras vacaciones también revela patrones. Dicen qué compramos, dónde estamos, con quién convivimos y qué hábitos repetimos. Toda esa información alimenta sistemas que aprenden, clasifican y segmentan, dejando a las personas expuestas a riesgos que no siempre comprenden. 

¿Cuáles son los riesgos más frecuentes para las familias? 

—La generación alfa ya es totalmente nativa digital y domina dispositivos desde muy pequeña. Ese manejo natural contrasta con la dificultad de muchos adultos mayores. Esa mezcla aumenta la brecha y genera un ambiente donde entregamos datos sin protección. Revelamos viajes, intereses y actividades sin medir consecuencias. 

Incluso algo sencillo, como pedir una agenda de viaje a una inteligencia artificial, revela fechas, lugares, gustos y preocupaciones. También existen alucinaciones o errores de programación. Datos incorrectos producen respuestas incorrectas. Así funciona la inteligencia artificial: buena entrada, buena salida; mala entrada, mala salida. 

¿Por qué diciembre es el mejor mes para los delincuentes digitales? 

—Los ciberdelincuentes saben que diciembre es el mejor mes para engañar. Aprovechan compras en línea, promociones falsas, correos con descuentos o mensajes que imitan servicios de entrega. Es una temporada donde la gente se relaja, y justamente ese descuido provoca más ataques exitosos que en cualquier otra época del año. 

¿Cómo ha cambiado la inteligencia artificial desde sus inicios? 

—La inteligencia artificial no es tan nueva como pensamos. Se originó por mediados de 1900, pero no despegaba porque requería bases de datos muy grandes. Desde 2010 comenzó a sentirse real gracias al internet. Los años 90 permitieron interacción masiva entre personas y dispositivos sin límites geográficos. 

Luego aparecieron las redes sociales entre 2004 y 2006 y explotó la cantidad de información disponible. Compartimos fotos, videos, emociones y discusiones. Ese volumen se convirtió en material para modelar sociedades y manipular grupos mediante burbujas digitales. Estas agrupan personas por comportamiento o por reacciones emocionales visibles en sus perfiles. 

Todo esto sustenta la inteligencia artificial y revela su lado oscuro. 

¿Qué factores aumentan la vulnerabilidad digital? 

—Venimos de una sociedad poco acostumbrada a la tecnología. Hoy conviven baby boomers, migrantes digitales y nativos digitales. Cada grupo se cuida de forma distinta y conoce riesgos distintos. Carecemos de educación digital y alfabetización en ciberseguridad. La mayoría desconoce los riesgos reales de redes sociales, mensajería o navegación. 

Debemos pensar también en quienes tienen menos acceso o conocimiento. La brecha digital aumenta la exposición. La privacidad, los sesgos y las alucinaciones de la inteligencia artificial pueden afectar la reputación o generar confusiones. Una interpretación equivocada puede mostrar datos incorrectos y poner en riesgo a cualquier persona al exponerla incorrectamente. 

Cuando alguien investiga perfiles en fuentes abiertas, podría encontrarse con información distorsionada o incompleta. Eso abre la puerta a manipulaciones políticas, personales o laborales. En un mundo donde la reputación digital es equivalente a una carta de presentación, cualquier error de estos sistemas puede tener efectos reales. 

¿Cómo influyen las emociones, la polarización y las discusiones en línea en la forma como la inteligencia artificial perfila a las personas? 

—Las redes sociales documentan emociones, peleas, frustraciones, gustos y reacciones. Todo eso construye géneros digitales, que son versiones de nosotros en el mundo virtual. Si alguien discute por fútbol, religión o política, queda registrado. El sistema aprende a qué grupo pertenece y cómo reaccionará en circunstancias específicas. 

Eso permite crear burbujas donde las personas solo ven contenido que refuerza sus creencias. Aunque parezcan espacios inofensivos, también pueden manipular opiniones. En época de fin de año esto se intensifica porque las emociones están más cargadas y la actividad en redes aumenta. Multiplica la cantidad de datos disponibles.

Estas burbujas determinan qué anuncios aparecen, qué noticias circulan y qué mensajes se priorizan. Una persona puede quedar atrapada en un ecosistema informativo creado solo a partir de sus reacciones, sin darse cuenta de que está siendo moldeada por sistemas que buscan predecir y dirigir su comportamiento. 

¿Cómo se relaciona el aumento del contenido emocional en redes con el incremento de campañas de desinformación que se intensifican en diciembre? 

—Las campañas aumentan en estas fechas porque la gente baja la guardia. Comparte más, publica más y debate más. Los sistemas detectan ese movimiento emocional y pueden amplificar contenido engañoso. Un rumor se esparce rápido cuando muchas personas están conectadas al mismo tiempo y actúan impulsivamente. 

La desinformación se alimenta de reacciones humanas y diciembre es un mes perfecto para eso. Sea por política, por consumo o por identidad, cualquier contenido que provoque emociones fuertes se difunde. Y al difundirse, se multiplica como si fuera un hecho confiable, aunque sea totalmente falso o manipulado.

¿Qué peligros trae la falta de cultura de ciberseguridad en hogares que dependen cada vez más de dispositivos conectados? 

—Carecemos de cultura digital. No sabemos cuidarnos en el ciberespacio y pensamos que basta con no compartir contraseñas. No es así. Usar redes sociales, correo o sitios de compras requiere hábitos que la mayoría desconoce. Quien ignora esos riesgos también deja vulnerables a las personas con quienes convive. 

La brecha digital agrava el problema. Jóvenes hiperconectados, adultos desconfiados y adultos mayores sin habilidades tecnológicas coexisten bajo el mismo techo. Si uno se equivoca, todos quedan expuestos. 

La privacidad ya no es solo un derecho individual. También es un riesgo compartido. Si alguien del hogar publica algo sensible, todos quedan expuestos. Y esa exposición alimenta sistemas que aprenden de nosotros sin que podamos controlar qué información están tomando o cómo la usan. 

¿Por qué la educación debe transformarse para enfrentar esta realidad? 

—Hay que cambiar la educación. Debemos enseñar a cuidarse en el mundo digital desde temprana edad. Estas habilidades ya no son opcionales. Forman parte de la vida diaria porque hoy se vive más en el ciberespacio que en el mundo físico. Eso exige crear política pública enfocada en seguridad digital. 

Reformar la enseñanza implica incluir hábitos de protección y alfabetización tecnológica. Existen ejemplos como los centros comunitarios en Paraguay, donde cualquier persona aprende a usar tecnología y a protegerse. Ese modelo demuestra que la educación debe involucrar a toda la sociedad y no solo a los jóvenes en la escuela. 

Un ciudadano sin educación digital se vuelve un riesgo para su empresa y su familia. Puede abrir correos peligrosos o permitir accesos sin detectar señales de alerta. La falta de criterio digital crea impactos reales. Incluso una foto publicada sin pensar puede comprometer la privacidad de varias personas alrededor. 

Fotos: Gary Alvarado / República

 
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Leonel Cali
Cómo elegir una laptop que sobreviva a la era de la IA
588 palabras | 3 minutos de lectura

Las vitrinas y tiendas en línea se llenan de etiquetas de “Descuento” por fin de año. Pero entre tanta oferta se esconde una trampa común: equipos con especificaciones de 2020 vendidos a precios de 2024.

Comprar una computadora hoy no es como hace cinco años. La integración de Inteligencia Artificial en Windows (Copilot), las actualizaciones de los navegadores y el software de oficina moderno han elevado los requisitos mínimos. Comprar barato hoy puede significar tener una máquina lenta e inutilizable en menos de 12 meses.

Durante la última década, 8GB de RAM fueron el estándar de oro para el trabajo de oficina y el hogar. Hoy, esa cifra es oficialmente el cuello de botella de la productividad.

Al abrir el navegador con varias pestañas, un Excel pesado y una videollamada (Teams/Zoom), los 8GB se agotan. El sistema empieza a usar el disco duro como memoria temporal, lo que ralentiza todo el equipo.

Las nuevas funciones de Inteligencia Artificial local requieren memoria libre para funcionar. Sin RAM suficiente, estas herramientas simplemente no corren o colapsan el sistema.

Para asegurar su inversión a largo plazo, el mínimo innegociable es 16GB de RAM. No importa si es para un estudiante o un profesional del área administrativa: menos que eso es comprar obsolescencia programada.

Pero no todo es RAM. Hay otro elemento fundamental a tomar en cuenta: la batalla de los procesadores Intel vs. AMD. Aquí es donde muchos compradores se pierden.

¿Qué debo buscar en la etiqueta de especificaciones?

Olvide la vieja guerra de marcas. Hoy la clave no es solo la velocidad, sino la inteligencia. Tanto Intel como AMD han lanzado procesadores con NPU (Unidades de Procesamiento Neuronal), chips diseñados exclusivamente para tareas de IA, liberando al procesador principal para evitar que la computadora se “trabe”.

En Intel, busque la nueva familia Core Ultra (series 5 o 7). Son los chips más equilibrados en productividad y eficiencia energética.


Si su presupuesto es más ajustado, un Core i7 de 13ª o 14ª generación sigue siendo una apuesta segura y robusta.

En AMD, la serie Ryzen AI (7000 u 8000) ha demostrado un rendimiento excepcional en multitarea y eficiencia de batería, compitiendo cara a cara con Intel y, en ocasiones, superándolo en gráficos integrados.

Si usted es un usuario de alto rendimiento, creador de contenido (diseño o video) y trabaja con la suite de Adobe (Premiere, Photoshop, After Effects) o con renderizado 3D, las reglas cambian ligeramente.

Con 16GB de RAM no es suficiente: vaya directamente por 32GB. Adobe devora memoria, y esto evitará cierres inesperados.

Otro detalle importante: el almacenamiento. No gaste cientos o miles de quetzales extra en una laptop con 2TB o 4TB internos. Compre la versión de 512GB o 1TB para el sistema operativo y los programas.

Para sus archivos pesados, invierta en discos SSD externos de alta velocidad (USB-C). Son más baratos, protegen sus datos fuera del equipo y facilitan la movilidad.

Al evaluar las ofertas de fin de año, mire más allá del precio final. Una laptop de Q3,500 con 8GB de RAM y un procesador de bajo rendimiento le costará tiempo y frustración diaria.

Una inversión un poco mayor en 16GB de RAM y un procesador moderno con NPU garantiza una herramienta veloz y eficiente para los próximos 4 o 5 años.

Y si no quiere una laptop y está pensando en migrar su estación de trabajo a un… ¿iPad? Ese será tema para otro boletín semanal.

¿Tiene dudas sobre un modelo específico? Escríbame para optimizar su inversión tecnológica en [email protected]

 
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UN MENSAJE DE EEGSA
Energía segura: confíe en EPM Guatemala

Energía confiable para su vida llega con EPM Guatemala, respaldada por un plan de expansión de US$500 millones aprobado para 2026–2030. Esta inversión fortalecerá redes, ampliará cobertura eléctrica y mejorará la estabilidad del servicio. Usted puede conocer cómo su vivienda o negocio se beneficiará directamente con estas mejoras.

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Vea la entrevista completa aquí.

 
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Rafael P. Palomo
Los giros ideológicos de Latinoamérica: síntomas del desgaste democrático
679 palabras | 4 minutos de lectura

América Latina suele vivir grandes virajes ideológicos. A menudo, se habla de mareas rojas o azules, sin embargo, su frecuencia y periodicidad sugiere que no suelen ser revoluciones doctrinarias ni despertares súbitos hacia un paradigma coherente. Son respuestas emocionales y profundamente pragmáticas a una sensación persistente: el sistema no está cumpliendo.

La región vive instalada en ciclos donde la izquierda y la derecha se alternan no por convicción, sino por castigo. El votante latinoamericano no cambia su identidad ideológica cada cuatro años, sino que parece cambiar de gobierno como un fusible quemado. Cuando una administración fracasa en entregar resultados mínimos, la ciudadanía “patea la mesa” y desplaza al grupo en el poder. Salvo excepciones puntuales —como Argentina, donde el colapso kirchnerista sí generó un viraje doctrinario a favor de Milei y su visión—, los ciclos recientes confirman esta dinámica.

En Chile, la elección de Boric respondió al hastío con décadas de administración tecnocrática percibida como insensible, pero la frustración ante el desorden, el fracaso del proceso constitucional y la incapacidad del gobierno para enfrentar la inseguridad devolvieron a la derecha la iniciativa política. En Colombia, Petro llegó a la presidencia como producto del desgaste acumulado por la clase política tradicional, pero tras un gobierno de permanente crisis de seguridad, reformas fallidas y un gabinete en permanente disolución, las encuestas muestran un rápido desfondamiento que anticipa un giro punitivo hacia 2026. En México, Claudia Sheinbaum intentó sostener el proyecto lopezobradorista, pero el deterioro de la seguridad y la captura territorial del Estado por el crimen organizado han erosionado su base, reabriendo espacio para opciones opositoras que hace apenas un año parecían marginales.

La izquierda llega con grandes promesas y expectativas infladas, pero cuando falla —y falla más a menudo y con mayor intensidad que la derecha, porque combina pretensiones irreales con capacidades estatales débiles— la caída es más dura y el desencanto más rápido. La derecha, por su parte, administra con menos épica y más prudencia fiscal, pero también puede decepcionar por la poca paciencia del electorado con políticas que suelen tener mejores efectos a largo plazo, lo que renueva el ciclo. En ambos casos, el votante no está premiando ideas, sino que está castigando resultados, a menudo a corto plazo.

Desde la teoría de sistemas de David Easton, el fenómeno se vuelve más claro. El sistema político recibe demandas, regularmente seguridad, empleo, estabilidad, salud, entre otros. Cuando transforma esas demandas en políticas públicas que no producen resultados, se acumula la tensión política y la legitimidad del sistema se erosiona. Las instituciones democráticas, incapaces de procesar y responder eficazmente, empiezan a verse como parte del problema. Esa pérdida de credibilidad abre espacio a actores antisistémicos que prometen “hacerlo todo distinto”, sin importar los costos. La alternancia democrática, entonces, se convierte en un ritual de frustración.

Cuando el sistema deja de responder

Así se explica ascenso del populismo. Cuando el sistema falla de forma reiterada, los ciudadanos concluyen que el problema no es el gobierno de turno, sino la democracia. Surgen figuras que prometen saltarse intermediarios, doblar reglas y “limpiar” el Estado a golpes de voluntad. Es la promesa de eficiencia autoritaria frente a la burocracia lenta; de orden inmediato frente a la inseguridad crónica; de soluciones simples para problemas complejos. Y, en un contexto de desesperanza, esa promesa es tentadora.

La imagen general es una de una ciudadanía despesrada, con demandas de resultados a corto plazo y un sistema que, debido a los incentivos que genera la alternancia del poder, promueve resultados rápidos. El problema es que los apuros que aquejan a la población son de lenta solución, con visión a 10 años, tiempo insuficiente para cualquier proyecto político en democracia. En este sentido, el fallo sistemático está planchando una alfombra roja para soluciones autoritarias, con efectos inmediatos pero menos sostenibles en el tiempo, tal como es el caso del “fenómeno Bukele”.

La región no está girando ideológicamente, sino que está buscando desesperadamente quién funcione. Mientras los gobiernos —especialmente los de izquierda— sigan inflando expectativas que no pueden cumplir, el ciclo de castigo continuará; y cada vuelta desgasta más a la democracia.

 
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Por: Ana González

Por: Alice Utrera