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La marimba cuenta su historia

¡Buenos días!
La marimba no va a morir. Lester Homero Godínez Orantes relata cómo dejó la Ingeniería para dedicarse a la música y crear la primera marimba de concierto del Estado. Su misión ha sido dignificar el instrumento y llevarlo a escenarios internacionales, convencido de que nuevas generaciones mantendrán viva la tradición.
Tecún Umán: héroe y líder militar de Guatemala. Cada 20 de febrero, Guatemala honra a Tecún Umán destacado jefe militar k’iche’ y héroe nacional. Su liderazgo y valor se conservan en monumentos, billetes y la memoria cívica que inspira respeto por la historia y la identidad nacional.
Virtud y liderazgo: el poder como servicio, no privilegio. En su análisis, Alejandro Palmieri advierte que la decadencia moral en líderes contemporáneos erosiona la confianza pública, mientras que figuras históricas como Cincinato y Godofredo muestran que la verdadera autoridad surge del sacrificio, la moderación y la integridad. Recuperar estas virtudes es esencial para restaurar el respeto por las instituciones y el bien común.


MAESTRO Y COMPOSITOR GUATEMALTECO
Lester Godínez: “Yo quería dignificar la marimba y al marimbista”

Por: Glenda Sánchez
En una caminata por el Paseo de la Sexta, en la zona 1 capitalina, el sonido de la marimba aparece con poca frecuencia entre el bullicio de la ciudad. Con el tiempo, el instrumento volvió a sonar en la avenida, evocando recuerdos de otras épocas. En uno de esos paseos, surgió el recuerdo del maestro y compositor guatemalteco Lester Homero Godínez Orantes.
En la entrevista virtual con República, el maestro recordó cómo, desde niño, la música marcó su vida. Desde República Dominicana, explicó que una pequeña marimba que recibió de regalo lo introdujo al mundo del “Do, Mi, Fa, Sol”. La conversación se centró en este instrumento, en coincidencia con la conmemoración del Día de la Marimba, el 20 de febrero.
¿Cómo nació su vínculo con la música y la marimba?
—Comencé con la marimba de una manera fortuita. A los 10 años, mi padre nos regaló una marimbita, digo nos porque éramos cuatro hermanos, y era de esas que venden en el mercado. El flechazo fue casi inmediato.
Al principio era un juguete, pero poco a poco comprendí la lógica de los sonidos en las teclas. Así inicié. Nunca tuve maestro. Yo aprendí al escuchar la radio. Siempre escuchaba para tratar de tocar a la par de los grandes maestros. Sintonizaba programas de marimba que tenía identificados.
A los 17 años estudiaba perito en electricidad en el Instituto Técnico Vocacional Dr. Imrich Fischmann. Allí ocurrió algo inesperado: el instructor rescató una marimba abandonada en un almacén. La restauraron y, cuando volvió a sonar, fue extraordinario.
Poco a poco los compañeros se acercaron a tocar. Yo asumí la organización del grupo. Así nació la marimba del Instituto Técnico Vocacional.
¿Cuándo decidió dedicarse profesionalmente a la música y abandonar la ingeniería universitaria?
—Al salir de diversificado, me inscribí en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). Solo cursé dos años de Ingeniería; era buen alumno y me gustaban las matemáticas, pero esos años los dediqué casi por completo a la música —sonríe—.
Me integré a la Estudiantina de la USAC para tocar marimba, y todo mi tiempo libre giraba en torno a la música. Al final del segundo año decidí dejar Ingeniería e ingresar al Conservatorio, en 1975.

¿Cómo llegó al Conservatorio y cuáles fueron sus primeros proyectos en la música?
—Ingresé al Conservatorio ese mismo año. Toqué con la Orquesta Sinfónica Nacional, invitado por el maestro Jorge Sarmientos. Pero también tenía el proyecto de crear la marimba de concierto de Bellas Artes. Empecé las gestiones en 1975. En 1979 se autorizó la creación de esa marimba, la primera agrupación del Estado bajo el concepto de marimba de concierto.
¿Cómo recuerda su paso por la Estudiantina universitaria?
—Fue un honor. Era un grupo impresionante. Yo introduje la marimba en la estudiantina. Fui director por seis meses, pero ya no me daba el tiempo. Fue una etapa muy bonita y formativa.
¿Cómo desarrolló su técnica y su liderazgo musical?
—Cuando formé el primer grupo ya tenía cierta técnica, podía tocar con tres o cuatro baquetas. Eso era un gran avance. Además, entendí algo clave: alguien tiene que dirigir, coordinar, hacer arreglos, distribuir las voces.
Cuando llegué a la Facultad de Ingeniería ya tenía ese concepto de dirección musical. Por esa razón, en el segundo año ya era director del grupo. Ahí confirmé que la música era mi camino.

¿Qué significó fundar la marimba de concierto de Bellas Artes?
—Fui director durante diez años. Realizamos temporadas escolares y departamentales, además de conciertos en homenaje a grandes maestros. En 1990 renuncié por motivos personales.
Después formé marimbas en el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT) y en la Presidencia de la República. En total he fundado cinco o seis grupos. Las marimbas del Ministerio de Cultura y Deportes prácticamente las dejé creadas. Son mis hijas —dice, tras una leve pausa—.
¿Música qué más le apasione interpretar en marimba?
—Me gusta mucha música, sobre todo la guatemalteca. Divido el repertorio en cuatro campos: música de raíz indígena, popular, académica y contemporánea.
Tengo sones indígenas, guarimbas, foxtrot, cumbias, jazz. También he dirigido orquesta sinfónica. Mi ámbito musical va más allá de la marimba. La música es maravillosa, no tiene límites para los amantes de las melodías.
¿Su mayor reto como marimbista?
—Concebir el concepto de marimba de concierto. Antes la marimba era para fiestas, en un rincón, sin respeto. Yo quería dignificar la marimba y al marimbista, llevarla al escenario, que el público escuchara sentado. Al inicio fue difícil, muchos decían que la marimba era solo para bailar. Hoy hay marimbas de concierto en todo el país y en otros países.

¿Cómo ve la marimba orquesta frente a la marimba de concierto?
—La marimba orquesta es para fiesta, para bailar, con trompetas y saxofones. Es parte de nuestra tradición y me gusta. Pero la marimba de concierto es otra cosa, es escucharla, apreciarla, tocarla con finura. Son mundos distintos y ambos válidos.
¿Qué ha significado llevar la marimba a escenarios internacionales?
—He llevado la marimba a Europa, América, Asia. Alemania, España, Italia, Reino Unido, Japón, Taiwán, Kazajistán. En Alemania estaban admirados de que tocáramos Mozart de memoria. Ha sido una experiencia inmensa llevar la marimba al mejor sitial internacional.
¿Cree que la marimba recibe el reconocimiento que merece en Guatemala?
—Nos tratan mejor en el extranjero. Por ejemplo, en muchos países de Europa se marcan bien las estaciones. El invierno es intenso, pero eso no impide tocar, porque las personas valoran el talento apenas escuchan las melodías. El frío moral se sentía cuando regresábamos.
Pero me siento orgulloso de haber llevado la marimba a tantos países. Aquí en República Dominicana se entusiasmaron tanto que reunieron fondos para traer una marimba. Voy a dar clases aquí. Eso me emociona mucho.
¿Cuál es su labor actual en República Dominicana?
—Soy agregado cultural de la Embajada de Guatemala. Promuevo nuestra cultura, la Semana Santa, las alfombras, el arte guatemalteco. Fue así como nace la idea de traer la marimba.

¿Qué papel tienen hoy las mujeres en la marimba?
—Antes se creía que era solo para hombres. Hoy hombres y mujeres tocan marimba. Yo ayudé a crear la marimba femenina de concierto. Es un orgullo verlas, lo que demuestra que todos tenemos talentos.
¿Qué mensaje desea compartir con los jóvenes interesados en dedicarse a la marimba?
—Gracias a Dios, la enseñanza de la marimba sigue vigente en establecimientos públicos y privados. Por eso no me preocupa mucho la juventud, porque en las escuelas cada vez más se toca marimba.
Les voy a mencionar el Instituto Rafael Aqueche, la Escuela Normal, el Central tiene su marimba. También el INCA, el Instituto Belén, por mencionar algunos. También en Antigua Guatemala. En Quetzaltenango, no digamos, hay muchos institutos nacionales en donde se toca la marimba.
Qué decir de los centros educativos privados. Voy a comenzar con el Colegio Alemán, el Instituto Austriaco, el Colegio Viena, que ahora son hermanos. Tienen marimba, y no de ayer, de hace varios años. El Colegio Valle Verde, el Liceo Guatemala, el Liceo Javier, buenísimos, buenos grupos. Además, el Instituto Belga, Don Bosco, en fin. Creo que la marimba no va a morir, no va a morir, va a seguir.
Me paso a la educación superior. Ahora ya hay licenciados en música con especialidad en marimba. Hablo de la Escuela Superior de Arte de la Universidad de San Carlos y de la Universidad Galileo. Hay licenciatura y profesorado en música en la Universidad del Valle, y ahí se dan clases de marimba.
Incluso, para los que estudian ingeniería y otras carreras, tienen que llevar un curso, un semestre de marimba. Vieran cómo se llena, yo impartí clases ahí. Se llena, porque uno cree que están estudiando ingeniería y todo, y los mira uno todos coquetos. Se llenaba el curso de marimba de concierto.
Todavía hasta la fecha hay marimba en la Universidad del Valle, en la Universidad Da Vinci hay carrera musical. En fin, creo que los jóvenes que tienen realmente una inquietud por la marimba, incluso si quieren profesionalizarse, ya hay oportunidad. ¡Jóvenes anímense!
Fotos: Cortesía / República
Gérman Gómez
Tecún Umán: entre la historia y el mito
1000 palabras | 6 minutos de lectura

El bulevar Liberación es recorrido por cientos de personas al día. En su trayecto tiene una escultura de Tecún Umán que pasa desapercibida para los transeúntes. Se trata de una obra realizada por el artista Roberto González Goyri en 1965. Mide 6.5 metros de altura y representa al guerrero k’iche’ en actitud de combate. Cada 20 de febrero, Guatemala conmemora su día y recuerda a un personaje que vive entre el mito y la historia.
El mismo día, también se conmemora el Día de la Marimba. Los textos indígenas describen a Tecún Umán como capitán y jefe militar. El título de la casa Ixquin-Nehaib sitúa la batalla en los Llanos del Pinal, cuando se enfrentó a Pedro de Alvarado, cerca de Xelajú, hoy Quetzaltenango. Allí, Tecún aparece con atributos sobrenaturales. El relato dice que venía hecho águila, con plumas que nacían de su propio cuerpo.
Portaba tres coronas: una de oro, otra de perlas y otra de diamantes y esmeraldas. Según ese texto, atacó al caballo del Adelantado español, Pedro Alvarado, le cortó la cabeza con su lanza y luego intentó volver a embestir desde lo alto. El Adelantado lo esperó con su arma y lo atravesó. El Título del Ahpop Quecham, procedente de San Andrés Xecul, afirma que el rey K’icab Tamub ordenó a su primogénito Tecún Umán preparar la defensa del reino k’iche’.
Esa versión presenta a Tecún como heredero y como general. No lo describe como un solo guerrero, sino como parte de una estructura política y militar organizada. En otros textos, como el Título de los Señores Coyoy, se le nombra Ajpop Achi Nimá Rajpop Achij, es decir, gran capitán o gran jefe.
Las crónicas españolas también mencionan un combate singular. El 12 de febrero de 1524, según una investigación de la Sociedad de Geografía e Historia realizada en 1962, un guerrero quiché se enfrentó con Pedro de Alvarado en los Llanos del Pinal. Francisco de Fuentes y Guzmán, con base en el Ahpop Quecham, escribió que Tecún comandó 72 000 hombres y que se convirtió en águila y quetzal.
Sin embargo, Pedro de Alvarado, en su carta de relación a Hernán Cortés, solo anotó: “murió uno de los cuatro señores de esta ciudad de Utatlán, que venía por capitán general de toda la tierra”. Esa brevedad contrasta con la riqueza simbólica de las versiones indígenas.
El historiador Julio Cambranes sostuvo que Tecún Umán no fue un mito puro. Lo describió como un ajawab, un jefe militar indígena que se enfrentó a los españoles. Cambranes recordó que desde Utatlán, capital del reino k’iche’, se controlaba gran parte del actual territorio guatemalteco. Existía una clase formada por caciques, guerreros y sacerdotes.
Según él, Tecún Umán encajó como figura militar real, aunque la tradición lo transformó en símbolo. El nombre mismo de Tecún Umán plantea interrogantes. En varios textos aparece como Tecún o como Tecúm Balam. Se trataba de un nombre común en la época y se asociaba con linajes reales. Algunos relatos lo vinculan con el rey K’icab y lo sitúan en la cuarta generación de ese linaje.
No todos los documentos usan la forma “Tecún Umán”, pero sí reconocen a un capitán o ajpop que lideró la resistencia en Xelajú y en los Llanos del Pinal. La versión indígena del combate añade un fuerte componente ritual. El Título de los Señores Coyoy narra siete días y seis noches de festejos antes de la llegada de los españoles. La preparación incluyó bebidas, danzas y comida, acompañadas por flautas y otros instrumentos autóctonos.
El choque ocurrió en Xelajú. El texto afirma que Tecún logró decapitar al caballo de Alvarado con bastones especiales. En un segundo intento, cayó en manos de los castellanos. La narración describe su muerte con imágenes intensas: su sangre mezclada con plumas de quetzal y su voz aún ardiente contra los vencedores. De ese episodio surgió, según la leyenda, el nombre de Quetzaltenango.
La derrota k’iche’ inició una nueva era. En febrero de 1524, las tropas españolas avanzaron por el altiplano. La expedición de Pedro de Alvarado duró seis meses. En 1527, su hermano Jorge emprendió una segunda invasión. Los hechos quedaron registrados en el Lienzo de Quauhquechollan, elaborado por nahuas aliados de los españoles. Ese lienzo se considera el primer mapa de Guatemala. Allí aparece la ruta militar y la caída de los reinos indígenas.
Con el paso de los siglos, Tecún Umán pasó de personaje de crónicas a “héroe nacional”. En 1959 surgió el Comité Pro Exaltación del Héroe Tecún Umán, impulsado por Rafael Téllez García y Jaime Pérez Aguilar. La iniciativa propuso declararlo héroe nacional y paladín del Ejército. Más de veinte diputados solicitaron la opinión de la Sociedad de Geografía e Historia.
El debate incluyó objeciones. El diputado Ernesto Viteri señaló que Tecún Umán no fue voluntario, sino capitán designado, y que en el siglo XVI no existía la República de Guatemala. A pesar de esas reservas, el Congreso aprobó el decreto.
El 22 de marzo de 1960, el Congreso de la República declaró a Tecún Umán Héroe Nacional y símbolo de la nacionalidad guatemalteca mediante el decreto 1344. También fijó el 20 de febrero como fecha para honrar su memoria. Desde entonces, el calendario cívico incluyó esa conmemoración como recordatorio de las hazañas de Tecún Umán.
El Estado reforzó esa imagen con símbolos materiales. En 1964, el decreto 265 de la Ley de Especies Monetarias puso en circulación el billete de cincuenta centavos de quetzal con la efigie de Tecún Umán. El grabado se inspiró en una escultura de bronce del guerrero quiché realizada por Rodolfo Galeotti Torres. Ese billete circuló hasta el 9 de enero de 1998. La figura del héroe también apareció en monedas y en sellos conmemorativos.
Los monumentos completaron el proceso simbólico. Además de la escultura de González Goyri en el Bulevar Liberación, existen otras obras destacadas. En Quetzaltenango se encuentra una estatua de Rodolfo Galeotti Torres, ubicada al final de la 29 avenida, zona 7. El nombre de Tecún Umán también designa a la ciudad fronteriza que conecta Guatemala con México.

Alejandro Palmieri
Las virtudes olvidadas

En un mundo donde la confianza en las instituciones se erosiona día a día, es imperativo reflexionar sobre las virtudes que deberían guiar a los ciudadanos, especialmente a aquellos en puestos de decisión y poder. Virtudes como la integridad, la moderación, el sacrificio personal y el compromiso con el bien común no son meros ideales abstractos; son el código de conducta que define a un líder digno.
Sin embargo, a lo largo de la historia —contemporánea, sobre todo—, hemos presenciado un declive progresivo (progresista) de estos valores, reemplazados por el egoísmo, la conveniencia personal y la corrupción moral. Este deterioro ha llevado a las sociedades contemporáneas a un profundo desencanto con sus autoridades, percibiéndolas no como guardianes, sino como agentes de su propia ruina ética.
El declive histórico de las virtudes en el poder
Desde las antiguas repúblicas hasta las democracias modernas, las virtudes cívicas han sido el pilar de sociedades prósperas. En la Antigüedad, filósofos como Platón y Aristóteles enfatizaban la necesidad de que los gobernantes poseyeran arete —excelencia moral— para guiar al pueblo hacia la justicia. Sin embargo, con el paso de los siglos, diversos factores —particularmente el relativismo moral del siglo XX— han erosionado estos principios. El poder, que debería ser un instrumento de servicio, se ha convertido en un fin en sí mismo, fomentando un ciclo de ambición desmedida que culmina en escándalos y desconfianza pública. Hoy, en una era de redes sociales y transparencia forzada, esta ruina moral se expone con crudeza, alimentando un cinismo generalizado hacia las élites.
Ejemplos históricos
Para ilustrar lo que hemos perdido, hay dos figuras emblemáticas que encarnaron la moderación y el desprendimiento en momentos cruciales.
Uno es Lucio Quincio Cincinato, patricio romano del siglo V a.C. Nombrado dictador en una crisis bélica, resolvió el conflicto en solo 16 días y, en lugar de perpetuarse en el poder —como muchos hubieran hecho—, regresó a su granja para continuar su vida sencilla. Este gesto de renuncia voluntaria al absolutismo temporal se convirtió en un símbolo de la República romana, recordándonos que el verdadero poder reside en la capacidad de soltarlo cuando ya no es necesario.
El otro, Godofredo de Buillon, noble de Baja Lorena en el siglo XI, abandonó su vida cómoda para liderar la Primera Cruzada en 1096, impulsado por un fervor religioso y un sentido de deber. Tras reconquistar Jerusalén en 1099, rechazó el título de rey, optando por el modesto de “Príncipe y Defensor del Santo Sepulcro”. Pronto, incluso este cargo lo dejó, demostrando una virtud rara: la renuncia al poder una vez cumplida la misión. Su acto de humildad no solo preservó su integridad, sino que inspiró a generaciones a ver el liderazgo como un sacrificio temporal por un ideal mayor.
Estos hombres no veían los valores como postulados teóricos, sino como un código de vida aplicable en todo momento, especialmente en los cruces decisivos donde se forja el destino de naciones.
El contraste con la decadencia contemporánea
En marcado contraste, figuras modernas ilustran cómo la conveniencia y depravación personal han suplantado estas virtudes. Andrés Mountbatten-Windsor fue llamado a representar a la Corona británica, una institución que históricamente demandaba ejemplaridad. Sin embargo, su vida estuvo marcada por un comportamiento deleznable, involucrado en escándalos de abuso y asociaciones nefastas que mancharon no solo su reputación, sino la de toda la monarquía. En lugar de sacrificio por el deber, priorizó placeres personales, contribuyendo al desencanto público con las autoridades. Este caso ejemplifica cómo, en la era actual, los líderes abandonan los valores por intereses egoístas, erosionando la fe en el sistema.
La vigencia de la discusión filosófica
Esta tensión entre virtud y decadencia remite a la antigua discusión entre Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau. Hobbes, en su Leviatán, veía al hombre como inherentemente egoísta, requiriendo un soberano absoluto para contener el caos. Rousseau, por el contrario, argumentaba en El Contrato Social que el ser humano es bueno por naturaleza, pero corrompido por la sociedad y sus desigualdades. Ambas posturas siguen vigentes: mientras Hobbes justifica estructuras de poder fuertes para frenar el declive moral, Rousseau insta a una regeneración ética desde la base. Sin embargo, en medio de este debate, urge que los “mejores hombres” —aquellos aún imbuidos de integridad— den un paso al frente. No con ambición, sino con hidalguía y responsabilidad.
Un llamado al sacrificio personal
El declive de los valores ha precipitado un desencanto profundo con las autoridades, pero no todo está perdido. El sacrificio personal en pos de un ideal debe volver a impregnar el espíritu humano. Como Cincinato y Godofredo mostraron para la eternidad, el verdadero liderazgo surge de la moderación y el desprendimiento. Es hora de que los virtuosos asuman el timón, restaurando la fe en un futuro donde el poder sirva al bien común, no al capricho individual. Solo así se superará la ruina moral que nos aqueja.
Noblesse oblige.
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