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Entre salvar vidas y defender su tierra

¡Buenos días!
Décadas de servicio y la lucha por la tierra en El Estor. Una pediatra de El Estor, Izabal, ha dedicado más de 30 años a atender a su comunidad mientras enfrenta la recuperación de su terreno invadido, lidiando con amenazas, desalojos y conflictos que reflejan la desigualdad y los desafíos locales.
Tik Tok como vitrina comercial. En Guatemala, la red social funciona como vitrina de servicios profesionales, ofertas informales y prácticas no reguladas, desde asesorías y rituales espirituales hasta migración ilegal. Al mismo tiempo, la plataforma se consolida como un espacio clave para campañas políticas, activismo y debate público, especialmente entre audiencias jóvenes.
Patrias prestadas. En 1998, Venezuela aún se pensaba como una democracia imperfecta pero funcional, rica en recursos, debates e instituciones. En este texto, Marcos Suárez Sipmann reconstruye ese país reconocible que existió justo antes de cruzar, sin saberlo, el umbral de su quiebre histórico.
Honduras vuelve a mercados y aliados. En su análisis, Reynaldo Rodríguez destaca que el gabinete de Asfura busca corregir desequilibrios estructurales, restaurar la ortodoxia económica y fiscal, y recuperar la confianza de mercados y aliados internacionales. El equipo presidencial combina previsibilidad financiera con un realineamiento geopolítico hacia Occidente.


PEDIATRA, COLABORADORA EN LA CRUZ ROJA Y CON CLINICA EN EL ESTOR
Rina Castañeda: “Ser no indígena se volvió pecado”

Por: Luis Enrique González
En la sala silenciosa de su casa, rodeada de carpetas envejecidas y fichas médicas apiladas como testimonio de décadas de servicio, la doctora Rina Castañeda revisa su vida profesional en El Estor, Izabal. Con nostalgia hojea los nombres de más de 25 mil pacientes atendidos. Ese recuerdo volvió a su mente cuando la entrevistamos por teléfono, durante uno de sus viajes a la capital.
Lleva treinta y tres años viviendo en ese municipio, un nombre que ya suena a casa, a urgencias a cualquier hora del día; un nombre que también quedó asociado a un conflicto que le arrebató algo más que la tranquilidad: su terreno. “Yo nunca me he quedado encerrada en mi clínica”, dice. Y es cierto: ha sido médica, pediatra, docente universitaria, integrante de asociaciones ambientales y colaboradora de la Cruz Roja, entre otras actividades para apoyar a la comunidad.
Su llegada fue una esperanza para muchos. Pero su historia también es la crónica de un despojo y de cómo casi nueve años de denuncias, viajes, trámites y desalojos fallidos terminan moldeando a cualquiera. “Pensé que iba a ser fácil. Si esto es mío, pongo una denuncia y me lo tienen que devolver. Pero no”.
Originaria de Chiquimula, se formó en la Facultad de Medicina de la Universidad de San Carlos. Fue pediatra y docente de estudiantes de quinto año. Lo dejó todo porque su esposo, “una persona de campo”, la convenció: “Me voy a ir a trabajar esa tierra porque se va a perder; está abandonada”. Esa tierra provenía de una herencia familiar: el abuelo de la doctora había comprado grandes extensiones hacía sesenta o setenta años y las repartió entre sus nueve hijos.

Durante los casi nueve años de la invasión, hubo nueve intentos de desalojo.
A principios de los años noventa, El Estor era distinto. Sin carretera al Atlántico, con calles de tierra y un aislamiento que hacía que las noticias viajaran más rápido que los oficios. “No había ni bajado mis cosas y ya tenía gente esperándome”, recuerda. Había apenas tres o cuatro médicos en todo el municipio. Pese a su formación pediátrica, empezó a atender medicina general por necesidad: embarazos, partos, diarreas, enfermedades respiratorias, urgencias. “Por ser mujer, me buscaban para los embarazos… por confianza de los esposos hacia mí”. Las fichas médicas se amontonaban en su consultorio.
“Hace poco retiré un montón… más de 25 mil”. La buscaban en todos lados. “Hasta escondida tenía que andar. Si iba a la iglesia, me encontraban. Una vez estaba del otro lado del lago y un señor llegó en tractor a buscarme”.
En el año 2000 compró el terreno que años más tarde sería invadido. No era una gran finca, explica, sino varias manzanas de tierra cultivable —“vegas”, dice— con agua de río, a seis o siete kilómetros del casco urbano y a un kilómetro de la carretera a Río Dulce. Las parcelas eran contiguas a las de dos amigas, hermanas entre sí, también herederas.
Eran tierras fértiles, suficientes para una vida tranquila: trabajar, atender pacientes y ser parte de la comunidad. Pero en 2017 todo cambió.
Los rumores que anuncian el miedo
A finales de marzo de ese año, en El Estor empezaron a escucharse rumores, los mismos que suelen preceder a una tormenta. “En los pueblos los rumores corren”, dice la doctora. Alguien había dicho que “querían invadirnos”. Ella propuso organizarse. “Formamos un grupo… la idea fue mía. Pensé que si nos uníamos, era posible que eso no nos sucediera”.
El grupo se llamó Una Voz por El Estor y reunió a 35 o 40 vecinos. No eran grandes terratenientes: eran dueños de pequeñas manzanas agrícolas. El 26 de marzo de 2017, cuando la doctora y sus amigas desayunaban en uno de sus terrenos, ocurrió.
“Fue una invasión agresiva, nos rodearon”, recuerda. No en el punto exacto, sino alrededor. Había al menos 300 personas. “Ellos sí se organizaron bien. Llamaron de las invasiones cercanas”. Las tres mujeres vieron cómo se apoderaban de su patrimonio.
La decisión fue inmediata. “No podíamos permanecer ahí. El riesgo era mucho”. La doctora salió a buscar a la policía. Los agentes la subieron a su vehículo. “Me dijeron: véngase con nosotros y nos enseña”. Pero no pudieron entrar: un árbol bloqueaba el camino. En el retén, un policía pidió identificaciones. “Nosotros no tenemos”, respondieron los invasores. Y a la pregunta de si eran del lugar, uno confesó: “Nos pidieron ayuda para bloquear el camino”. La doctora se quedó a la orilla, atónita, sin poder regresar a su propio terreno. “Sí hubo armas”, confirma.
Ese día empezó la pesadilla. “Yo sinceramente creí que iba a ser fácil”, repite. Pero no lo fue. En ese entonces, El Estor no tenía Ministerio Público. Debían viajar a Morales cada semana, dos horas por trayecto, para hablar con el fiscal. Reunieron pruebas: fotos antiguas, escrituras de 1898. Muchos documentos estaban deteriorados por un incendio en el Registro de la Propiedad de Chiquimula.

Se recuperó el terreno, pero persiste el temor de que vuelvan los invasores
El expediente tomó cinco o seis años en armarse. Mientras tanto, el terreno se deterioraba y los gastos aumentaban.
“Viajar no es barato. Y yo dejé de trabajar: un día que no trabajo es un día sin ganar”. Pagaron seguridad para evitar nuevas invasiones. Hubo amenazas. “Para pagar a esa gente tuve que vender cinco manzanas de otra propiedad”.
En la parcela invadida, el daño ambiental fue total. “Mi esposo tenía un bosque a la orilla del río. Cortaron todo, madera, árboles… todo”. La devastación generó incluso dieciséis órdenes de captura por daño ambiental contra ellas. “Fue una depredación total”.
Diez órdenes de desalojo y un agosto que quebró el ánimo
Se emitieron diez órdenes de desalojo. Algunas se suspendieron por fechas, otras por falta de agentes. La novena, en agosto de 2025, fue la más dolorosa.
“Creí que ahí sí la íbamos a recuperar”. Llegaron mil policías. Tenían cien jornaleros y seguridad contratada. Pagaron veinte mil quetzales por maquinaria para desarmar casas. Gastaron alrededor de ciento treinta mil entre las tres propietarias.
Todo se arruinó cuando corrió el rumor de heridos. “Niños intoxicados, un hombre tirado riéndose, haciendo como que le daban convulsiones”. La jueza y el comisario suspendieron el desalojo. “Yo ni lo creía”.

Los usurpadores cortaron un bosque y destruyeron otras plantaciones del terreno.
Esa noche quiso vender. “No vivíamos tranquilos”.
Meses después llegó la décima orden. “Sinceramente, no lo pensé”. Aun así, contrataron la mitad del personal. Llegaron 700 agentes. Esta vez no hubo bloqueos. Hubo diálogo. La jueza fue clara: tenían veinte minutos para sacar sus cosas. El operativo terminó a las ocho de la noche. Las casas fueron desarmadas y una maquinaria aplanó el terreno para evitar futuros retornos.
Al recuperar la tierra, descubrieron la magnitud del negocio interno: “De las treinta y tantas familias, tal vez cinco eran de los primeros. Todo había sido vendido”. Algunos dijeron cuánto pagaron: “diez mil”, “quince mil”, “veinte mil”. Había gente de Petén, Gualán y Río Dulce. “Eso demuestra que es negocio, no necesidad”.
Sobre las causas, hace una pausa. “Ha habido injusticias. Mucha gente no tiene oportunidades de estudio ni de vivienda. Ha habido abandono del Estado”. Pero también señala un desequilibrio: “Ser no indígena se volvió pecado. Todas las ayudas para la gente indígena. Y la pobreza no importa de qué raza sea uno”. Insiste en la igualdad de oportunidades, pero dice que se “empoderó de forma no adecuada” y se creó “odio entre ladinos e indígenas”.
Recuerda reuniones donde salían referencias a la conquista. “¿Qué culpa tengo yo de que hayan venido los españoles? ¿Por qué revivir eso cada vez? Para mí, eso crea resentimiento”. Según ella, parte de ese resentimiento es enseñado y existe financiamiento externo.
La doctora se ríe: “Yo era hasta guerrillera”. No literalmente, sino para explicar cómo su idealismo juvenil se moderó. “Pensaba que todos debíamos tener oportunidades y cuidar el ambiente… pero se han perdido los valores y el respeto”.
A más de un mes del desalojo exitoso, el terreno sigue despejado. Contrataron seguridad. “Siempre con cuidado, ¿verdad? Pero no hemos tenido ningún tipo de agresión. Nada, nada”. Aun así, no se declara del todo tranquila.
“Ojalá prevalezca la ley. Todos tenemos derechos, pero sin pasarnos sobre otros”, dice al despedirse.
Hoy, Rina Castañeda continúa atendiendo pacientes, como hace más de tres décadas. A veces retira fichas viejas para hacer espacio, como si también así despejara el camino después de los años más duros. En El Estor, donde un día llegó como esperanza, intenta ahora recuperar la paz. Y que la ley, por fin, la acompañe, como a todas las víctimas de estos delitos
Fotos: Cortesía / República
Gérman Gómez
TikTok: donde Guatemala vende, opina y hace política
657 palabras | 4 minutos de lectura

TikTok nació como una red social enfocada en videos breves de entretenimiento, creada en China en septiembre de 2016. Sin embargo, con el paso del tiempo tomó diferentes enfoques. En Guatemala, se transformó en una vitrina de servicios y productos. Según el estudio Uso de Internet y Redes Sociales en Guatemala 2025, el país tiene una penetración del 64.7 % en redes sociales.
TikTok está presente entre las plataformas más usadas, junto con Facebook e Instagram. Otro análisis de redes, We Are Social, indicó que hasta finales de 2024 existían 9.11 millones de usuarios en la red social china.
Una vitrina para vender productos
TikTok no solo es un canal de entretenimiento. Existen cuentas personales y de pequeñas empresas que lo utilizan para mostrar sus productos. Muchos emprendedores publican videos donde exhiben ropa usada —también conocida como ropa de segunda mano—, accesorios, zapatos o artículos de moda. Escriben precios y formas de contacto en las mismas publicaciones. Las transmisiones “en vivo” son otra forma de exponer sus ofertas.
La dinámica de comercio es funcional: un video corto muestra el artículo y luego los interesados envían mensajes directos para cerrar la venta. Aunque no existen datos oficiales sobre el volumen de estas ventas, la tendencia forma parte de un fenómeno mayor conocido como social commerce, que combina redes sociales con el comercio electrónico.
El uso de TikTok para vender ropa usada también se observa en ejemplos de vendedores que destacan tallas, calidad y estilo de las prendas en videos con música popular. Muchos de estos perfiles comparten testimonios y reseñas de clientes. La intención es generar confianza entre compradores potenciales. Otros usan hashtags como #TienditaGuate o #RopaGT para posicionar sus publicaciones.
Este tipo de comercio ha generado oportunidades económicas para jóvenes y madres de familia que no tienen acceso a un local físico. TikTok se convierte así en una tienda digital sin costos de alquiler. Varios emprendedores logran ventas repetidas incluso fuera del país. Desde el extranjero pagan, y la ropa se entrega a familiares dentro de Guatemala.
Servicios informales y profesionales
Además de productos, TikTok sirve para ofrecer servicios. Profesionales y no profesionales promocionan consultorías, fotografías, clases de idiomas, asesorías de belleza y rutinas de ejercicio. Muchos creadores explican en videos breves qué ofrecen, cómo trabajan y qué resultados han logrado con otros clientes.
Al mismo tiempo, existen ofertas menos convencionales y no reguladas. Por ejemplo, algunos perfiles prometen trabajos espirituales como magia blanca o negra. También se promocionan limpiezas espirituales, curaciones o rituales mágicos. Estos se venden a través de TikTok con testimonios e imágenes simbólicas.
Los viajes ilegales a EE. UU. no son la excepción. Varios coyotes ofrecen la migración a costos que superan los GTQ 150 000. En sus cuentas se promocionan con testimonios de guatemaltecos radicados en la unión americana. Según fiscales del Ministerio Público (MP), muchas cuentas son perfiles falsos que operan a través de las estafas.
Las personas son secuestradas o perdidas en algún territorio del país, o incluso en México. Nunca llegan a EE. UU.
Campañas políticas y comunicación pública
TikTok también juega un rol en la política. Figuras públicas y partidos usan la plataforma para conectar con electores, difundir mensajes y explicar sus propuestas. Por ejemplo, candidatos como Carlos Pineda usaron TikTok durante su campaña presidencial. Él construyó presencia en redes sociales, incluida TikTok, para ganar visibilidad y acercarse a audiencias jóvenes durante el ciclo electoral de 2023.
En año preelectoral, continúa con esa estrategia. Más candidatos se han sumado a la tendencia. Influencers y activistas también publican análisis, opiniones y críticas hacia políticas públicas o hacia el desempeño de autoridades. Estos videos suelen generar debates intensos en la sección de comentarios. TikTok no es solo un medio de promoción, sino también un espacio de discusión pública.
TikTok ofrece alcance rápido, especialmente entre audiencias jóvenes, y permite compartir ideas de forma sencilla y visual. Aunque TikTok prohíbe la publicidad política paga, los políticos pueden publicar contenido orgánico y dialogar con seguidores.
Venezuela, antes del después

Todo parecía estable, incluso definitivo, en Venezuela en 1998. Yo era un joven periodista en mi primera visita a Latinoamérica. No sospechaba que asistía a los últimos compases de una época. Este escrito nace de esa especie de malentendido entre el presente y la historia. De esa zona ambigua donde se cree estar observando el ahora y, sin saberlo, se están recogiendo los restos de un mundo a punto de desaparecer.
Eran los últimos meses del segundo gobierno de Rafael Caldera. Un país con evidentes signos de fatiga, pero reconocible. Crítico consigo mismo, pero todavía funcional. Desigual, pero confiado en su capacidad de corregirse. Una democracia con instituciones y debates públicos. Una élite política e intelectual que discutía el futuro con intensidad, no con miedo. Nadie hablaba aún en términos apocalípticos. El lenguaje del colapso no había entrado en el vocabulario cotidiano.
Caracas era el centro de esa conversación nacional. Una ciudad dura, contradictoria, fascinante. El cerro El Ávila dominaba el valle vigilando la urbe. Nos alojamos en el hotel Tamanaco: un cruce de caminos del poder caraqueño. Allí coincidían ejecutivos petroleros, políticos en tránsito, corresponsales y diplomáticos. Combinación de burbuja y espejo. En los desayunos cifras macroeconómicas alternaban con rumores electorales; en el bar se hablaba de béisbol, de petróleo, de política internacional. Sus pasillos y su lobby funcionaban como antesala informal de la nación. Desde sus ventanales, Caracas parecía ordenada, casi confiable.

En la base aérea de La Carlota en Caracas.
De mis entrevistas a líderes políticos recuerdo especialmente la realizada a Teodoro Petkoff, ministro de Cordiplan (Oficina Central de Coordinación y Planificación). Exguerrillero, defendía las medidas del FMI. Diálogo inquieto, intelectual y cargado de advertencias. No era un gestor al uso; pensaba el país mientras lo gobernaba. Hablaba del desgaste del sistema, del desencanto social, de la pobreza estructural que no se resolvía con petróleo. No anunciaba el derrumbe, pero sí señalaba las grietas. Vista hoy, su lucidez resulta casi premonitoria. Su despacho no transmitía complacencia, sino un sentimiento de urgencia. Un encuentro agradable y sugerente por su contenido y fuerte personalidad. No olvido sus gratas palabras de despedida: “chao, mi viejo”.
Con Luis Giusti, presidente de PDVSA, la conversación fue distinta. En aquellos momentos la petrolera, segunda del mundo tras Saudi Aramco, representaba el 25 % del PIB y el 75 % de las exportaciones venezolanas. Era el corazón técnico y simbólico del Estado.
Elegante y solvente, defendía la apertura, la eficiencia, la profesionalización, la meritocracia. Giusti tenía posiblemente más poder que un ministro. Presentaba una compañía moderna, casi blindada frente a los vaivenes políticos. Escuchar su discurso era sentirse transportado a un organismo que se creía dueño de su destino. Renunció a PDVSA el mismo día que Hugo Chávez asumió el cargo.
Dialogué con el jefe de la Policía Metropolitana. Me invitaron a participar en una serie de vuelos de reconocimiento en helicóptero. Despegábamos a diario de La Carlota, base aérea enclavada en el corazón capitalino. En un gesto simpático me entregaron un diploma tras la experiencia.
Entrevisté al titular de Hacienda, Freddy Rojas Parra. A Hermann Soriano, ministro de Estado de Turismo. Vasto, exuberante, diverso, orgulloso… Venezuela es un país bellísimo. El atractivo de sus playas, montañas, sabanas y selvas junto con el delta del Orinoco ofrece y facilita múltiples oportunidades de desarrollo.
De boca de Marco Zarikian S. (origen armenio), presidente del Grupo Zarikian, escuché por primera vez la frase: “Venezuela es un país subsidiado por Dios”. No sería la última.
Otro empresario me contó que los latinoamericanos les llamaban “indios tabaratos”. Me explicó que los venezolanos, cuando viajaban por la región, solían decir aquello de “…tá barato, deme dos”. Un viejo chiste que yo —recién llegado— no conocía.
Afirmaciones y dichos que hoy revelan en toda su crudeza la tragedia del país.
Me reuní con el ingeniero industrial y multimillonario Lorenzo Mendoza. Patrimonio estimado en USD 1500M (hoy 2500M). Dueño y director ejecutivo del Grupo Polar. Principal productor privado de bebidas y alimentos. Artículo emblemático: la cerveza “Polar”.

Con el ministro de Estado de Turismo, Hermann Soriano.
Colegas de El Nacional y El Universal me llevaron a las respectivas redacciones. Más que periódicos, en 1998 ambos diarios eran instituciones civiles. El primero era más intelectual y analítico; el segundo, más institucional y transversal. El periodismo era todavía un oficio, no una trinchera.
Con la ayuda de múltiples conversaciones con políticos, periodistas y representantes de todos los sectores empecé a descubrir las complejidades de la realidad venezolana. Para acabar de entender un lugar hay que saborear su comida, parte integral de su idiosincrasia y cultura. Arepas, pabellón criollo, cachapas, sancochos: la mesa era abundante, hospitalaria, cotidiana.
Mis desplazamientos por el país y las charlas con sus gentes, las entrevistas a los gobernadores provinciales… me brindaron una perspectiva que complementaba el centralismo de Caracas. Lo que nunca me quedó claro fue el trato dispensado a Chávez. Indultar y conceder el derecho al sufragio activo a un golpista es una facultad del gobierno. Pero ¿el pasivo? ¿Permitirle presentar su candidatura a las elecciones de diciembre de aquel año? Nadie fue capaz de ofrecerme una respuesta racional y convincente.
Durante décadas el dinero del petróleo fue a los bolsillos de los políticos. Tanto los de izquierda de Acción Democrática (Adecos) como los conservadores de COPEI se sirvieron del dinero del petróleo. Al final la población, desesperada y empobrecida, dio su voto a Chávez. Con su régimen todo fue a peor. Hasta acabar en desastre.
Una vez que abandonamos la capital…
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Reynaldo Rodríguez
Perspectivas económicas: el gabinete de Asfura

La transición de poder en Honduras no es meramente administrativa. El legado de la administración Castro-Zelaya se definió por una desconexión sistemática entre el poder político y las necesidades económicas del país, dejando un Estado con graves fricciones institucionales, problemas monetarios y rezago empresarial.
El diagnóstico
En el plano monetario y fiscal, la administración saliente operó bajo una lógica de centralización que creó severas disrupciones en los mecanismos de mercado. La reactivación de la Subasta de Divisas y la eliminación de los fideicomisos crearon cuellos de botella burocráticos que racionaron divisas, reprimieron el tipo de cambio, generando fugas de capitales y subinversión. Además, la Secretaría de Finanzas sustituyó la inversión productiva por una expansión del gasto corriente clientelar, secando la liquidez del sector privado para financiar una burocracia partidaria.
En el ámbito geopolítico y de gobernanza, el retroceso fue igualmente estructural. La política exterior abandonó el alineamiento con Estados Unidos para alinearse con el eje del Socialismo del Siglo XXI, convirtiendo a Honduras en un paria para la reestructuración geoeconómica occidental. Internamente, la politización de las Fuerzas Armadas rompió décadas de doctrina institucional, instrumentalizando como brazo de fuerza del proyecto político de Libertad y Refundación.
El gabinete: nuevas señales para el mercado
Ante este escenario institucional, la conformación del gabinete del presidente Asfura opera bajo la premisa de restituir la confianza en la economía y la cooperación internacional. Asfura ha seleccionado perfiles que funcionan como anclas de credibilidad para reducir drásticamente la incertidumbre de los mercados y los aliados internacionales tanto en el plano técnico como narrativo.
La señal más potente hacia los mercados financieros es la designación de Roberto Lagos al frente de la política monetaria. Lagos representa el retorno a la ortodoxia técnica y el fin de la represión financiera. Habiendo trabajado para el BID y cercano al Tesoro estadounidense, su perfil envía un mensaje inequívoco a los inversionistas: el Banco Central dejará de ser una caja negra de asignación política de divisas para recuperar su mandato de estabilidad de precios. Bajo su gestión, se proyecta un sinceramiento de las variables monetarias (tasa de cambio y tasas de interés) que permita reestablecer los flujos de capital y expectativas de riesgo de inversión.
Por otro lado, la llegada de Emilio Hernández a la Secretaría de Finanzas ofrece la contraparte fiscal necesaria. Con una década de trayectoria en la administración pública y un expediente marcado por su paso en la Unidad de Financiamiento, Transparencia y Fiscalización a Partidos Políticos y Candidatos, Hernández es la antítesis del activismo político que capturó la institución bajo Castro. Su nombramiento señala una política de "manos limpias” y trazabilidad, dejando atrás la ejecución presupuestaria opaca. Para las calificadoras de riesgo, Hernández encarna la certeza jurídica y la sostenibilidad de la deuda.
El realineamiento geopolítico
Si el eje económico busca calmar a los mercados, el eje político busca reinsertar a Honduras en el mapa de Occidente. Mireya Agüero, con su vasta experiencia diplomática, asume la Cancillería con la misión de ejecutar un realismo periférico. Su retorno marca el fin del apoyo ideológico con bloques autocráticos y el restablecimiento inmediato de la confianza con Washington. Su gestión será la llave para que Honduras deje de ser un actor desestabilizador diplomático y vuelva a ser un socio estratégico en el tablero centroamericano. La restitución de relaciones con Taiwán, esencial para el impulso de sectores económicos como el camarón, y el apoyo a Israel, bajo la política de seguridad estadounidense, serán sus más próximos objetivos.
Finalmente, el General Isaías Barahona en la Secretaría de Defensa envía la señal doméstica más crítica: la despolitización de la fuerza. Tras años donde la jerarquía militar fue instrumentalizada por el partido de gobierno, Barahona representa la doctrina institucional clásica. Su perfil promete devolver a las Fuerzas Armadas a su rol constitucional, alejándolas de la deliberación política y reenfocándolas en la seguridad ciudadana y el combate técnico al crimen organizado. Es el mensaje de que el monopolio de la fuerza vuelve a estar al servicio del Estado de Derecho y no de un proyecto ideológico.
En conclusión, el gabinete de Asfura no inventa nada nuevo, sino que corrige estructuralmente la situación del Estado y provee previsibilidad financiera y geopolítica en un mundo de alta incertidumbre. Su equipo está diseñado para reducir los costos de transacción de la gobernanza y enviar la señal de que Honduras está lista para volver a operar bajo las reglas del mercado, la certidumbre financiera y la alineación geopolítica.



