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Cerrar ciclos para abrir caminos

¡Buenos días!
Pausa emocional para cerrar el año y empezar de nuevo. En el cierre de año, la terapeuta emocional, Rossana de León, invita a detenerse y observar las emociones que marcaron los últimos meses antes de proyectar nuevos comienzos. Desde la bioneuroemoción, plantea la importancia de identificar patrones repetitivos, creencias heredadas y cargas emocionales no resueltas. Comprender lo vivido, escuchar el cuerpo y actuar con mayor conciencia se vuelve clave para iniciar un nuevo ciclo con equilibrio y claridad.
La broma que no da risa. El puente Túnico, en El Estor, fue dado por “construido” pese a que nunca se terminó. La obra alcanzó un costo total de Q19.5 millones —incluidas las ampliaciones—, pero tras más de cuatro años y dos gobiernos, sigue sin losa ni paso seguro. Mientras el Estado acumula explicaciones, las comunidades continúan cruzando el río con riesgo y abandono.
Una primavera que terminó en diluvio. En clave irónica, Alejandro Palmieri desmonta la promesa de la “nueva primavera” del gobierno de Semilla y la contrasta con una realidad marcada por fugas de reos, improvisación en seguridad, convenios fallidos y un gabinete en permanente rotación. El análisis expone cómo las expectativas de cambio se diluyen entre errores administrativos, falta de resultados concretos y discursos que no se traducen en mejoras. Al final, la sátira deja una conclusión amarga: el país no vive una renovación, sino más de lo mismo con un relato distinto.


TERAPEUTA EMOCIONAL
Rossana de León: “Queremos iniciar algo nuevo sin haber resuelto lo que cerramos”

Por: Ana González
En el cierre de año, cuando el balance personal se vuelve inevitable y la expectativa por un nuevo comienzo gana espacio, las emociones suelen intensificarse. Culminan ciclos, emergen preguntas pendientes y se renuevan propósitos que muchas veces cargan más presión que claridad.
En este contexto, la terapeuta emocional Rossana de León comparte una mirada orientada a la conciencia, el autoconocimiento y la preparación emocional para iniciar un nuevo año con mayor equilibrio.
A partir de su experiencia en bioneuroemoción, yoga y movimientos sistémicos, reflexiona sobre los patrones que se repiten, las creencias que limitan y la importancia de escuchar el cuerpo como parte del proceso de sanación. La entrevista propone una pausa necesaria para comprender lo vivido, soltar lo que ya no aporta y abrir espacio a un nuevo ciclo desde una perspectiva más consciente y personal.
¿Cuál es tu especialización y qué fue lo que te motivó a estudiar este enfoque terapéutico en particular?
—Mi especialización se dio a partir de una vivencia personal. Se conjugó con situaciones familiares que estaba atravesando, especialmente con mi hijo, quien empezó a manifestar ciertos síntomas que no tenían una explicación médica clara.
Eso me llevó a investigar qué estaba ocurriendo y encontré información del Instituto Enric Corbera, donde se hablaba de la relación entre emociones, síntomas y enfermedades que se repiten en la vida.
El tema me atrapó profundamente. Empecé investigando todos los días, tomé cursos básicos para comprender mis emociones y apoyar a mi hijo, y con el tiempo decidí certificarme e integrar también el yoga y el movimiento corporal al proceso.

Las personas que acuden a ti suelen repetir patrones emocionales o físicos, ¿qué es lo que principalmente buscan cuando llegan a consulta?
—Muchas personas llegan por síntomas a los que no se les encuentra una causa médica clara, como dolores o malestares asociados al estrés, luego de múltiples estudios sin resultados concluyentes.
Otras llegan por situaciones repetitivas, como perder trabajos, no lograr relaciones estables o mantener vínculos marcados por abuso o violencia, donde sienten que no logran avanzar.
Lo que hacemos es una investigación para encontrar la raíz emocional. Al tomar conciencia, se abre la posibilidad de transformar creencias que incluso provienen del entorno familiar o transgeneracional.
Desde tu enfoque, ¿en qué se diferencia la bioneuroemoción de la psicología tradicional?
—La psicología se centra mucho en el estudio de la mente y las conductas. La bioneuroemoción amplía esa mirada al integrar también la biología y el cuerpo físico.
Se analiza qué partes del cuerpo están vinculadas a determinadas emociones y pensamientos, y cómo existen leyes biológicas que rigen esos procesos, como en el sistema digestivo.
Esto permite unir cuerpo, mente y emociones, entendiendo que lo que sentimos y pensamos puede materializarse físicamente si no se toma conciencia.

El cierre de año suele despertar balances emocionales intensos, ¿cuál es el primer paso para cerrar un ciclo de forma saludable?
—Creo que lo más importante es hacer una pausa. Muchas veces queremos iniciar algo nuevo sin haber resuelto o comprendido lo que estamos cerrando emocionalmente.
La bioneuroemoción sugiere detenernos y evaluar con qué emociones estamos cerrando el año y cómo queremos iniciar el siguiente, desde la conciencia.
Incluso emociones como el miedo pueden convertirse en un impulso si las reconocemos y aprendemos a usarlas como aliadas en lugar de resistirlas.
¿Qué patrones o creencias suelen activarse durante estas fechas y cómo influyen en nuestro bienestar emocional?
—Uno de los patrones más comunes es la necesidad de cierre, de poner un punto final a lo que no se logró, lo que muchas veces genera sensación de fracaso.
También se activa fuertemente la creencia de pertenencia: el “tengo que” asistir, regalar, convivir, muchas veces por obligación y no por deseo genuino.
Esto puede generar desgaste emocional. Por eso es importante preguntarnos qué queremos realmente y hacer las cosas desde el corazón, no desde la imposición.
Muchas personas terminan el año agotadas, ¿qué prácticas simples recomiendas para recuperar energía emocional?
—La base siempre es la conciencia. Detenernos y preguntarnos qué nos ha hecho sentir tan cansados durante el año es clave para entenderlo.
Muchas veces el agotamiento viene de hacer cosas por obligación, asumir roles que no nos corresponden o exigirnos demasiado sin escucharnos.
Pequeñas acciones que alegran el corazón, como caminar descalzos, ver un atardecer o disfrutar aromas simples, pueden tener un impacto profundo.

Desde la reprogramación mental, ¿qué programas inconscientes suelen limitar la prosperidad personal?
—Existen programas muy comunes como el del sufrimiento, la idea de que todo debe costar mucho para merecer algo bueno.
También está el tema del merecimiento, sentir que no valemos lo suficiente o que no podemos tener más que otros miembros de la familia.
Y aparecen las lealtades familiares inconscientes, donde prosperar se vive como una amenaza al vínculo, lo que limita el crecimiento personal.
En el cierre de año, ¿cómo se puede lidiar emocionalmente con la pérdida de un ser querido?
—La pérdida es uno de los procesos más complejos que puede atravesar una persona, y no existe una forma correcta o incorrecta de vivir el duelo.
Muchas veces queremos acelerar el proceso o evitar el dolor, pero el primer paso es permitirnos sentir, reconocer la tristeza y darle un espacio legítimo.
Honrar lo vivido, agradecer el vínculo y comprender que el amor no desaparece con la ausencia ayuda a transitar el duelo con mayor conciencia y compasión.
Para quienes inician un nuevo año con miedo o incertidumbre ¿qué mensaje final te gustaría compartir?
—El miedo va a estar siempre. Es parte de nuestras emociones básicas y está ahí para protegernos, no para paralizarnos.
La invitación es tomarlo de la mano y dar pequeños pasos, como cuando uno se sube a una montaña rusa y no sabe qué viene después.
Permitámonos vivir el proceso con curiosidad, como niños, paso a paso, recordando que estamos aquí para experimentar y disfrutar la vida.
Fotos: Diego Cabrera / República
Glenda Sánchez
La broma que no da risa: el puente de GTQ19.5 millones que nunca se construyó
829 palabras | 5 minutos de lectura

Decir que el puente Túnico, en El Estor, Izabal, “ya está construido” suena a una broma propia del Día de los Santos Inocentes. Pero no lo fue. En 2022, el entonces presidente Alejandro Giammattei lo afirmó públicamente. Tres años después, la frase vuelve a escucharse con ironía amarga: el puente no existe y las comunidades siguen cruzando el río como pueden.
En Guatemala abundan las promesas de campaña incumplidas. Lo que no es tan común es declarar una obra “terminada” cuando apenas está en proceso. Sin embargo, ocurrió. “Ya, ya está construido”, dijo Giammattei durante una visita a Izabal. Hoy, en pleno Día de los Inocentes, esa afirmación pesa más que cualquier broma: el puente vehicular sobre el río El Túnico continúa inconcluso.
No hay losa. No hay paso seguro. Hay vigas oxidadas, expedientes acumulados y una población que ya no distingue entre promesa oficial y burla pública. Diputados han fiscalizado reiteradamente la obra y citan con frecuencia a autoridades del Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV) para exigir avances. Los resultados siguen siendo los mismos.
El puente es una infraestructura clave en la ruta que conecta Río Dulce con El Estor y con comunidades del Polochic, en Alta Verapaz. Es un paso fundamental para miles de familias que dependen de esa vía para acceder a hospitales, escuelas, mercados y fuentes de trabajo. Sin él, la región permanece partida en dos.
Edgardo Ramírez, diputado de la UNE por Izabal, presentó una denuncia ante la Contraloría General de Cuentas (CGC). Recordó que la obra fue adjudicada durante el gobierno de Giammattei a la empresa Multiservicios Ramírez, por un monto inicial de GTQ13.6 millones.
Según el contrato, ese monto cubría la totalidad del proyecto. El dinero se pagó. El puente no se terminó. Luego se argumentó que el presupuesto “no alcanzaba” y se aprobó una primera ampliación del 20 %, elevando el costo a aproximadamente GTQ16.4 millones. El avance fue parcial: se colocaron vigas, pero nunca se fundió la losa principal.
Más tarde llegó una segunda ampliación, otro 20 % adicional. El costo total ascendió a GTQ19.5 millones. La empresa volvió a comprometerse a concluir la obra. Tampoco cumplió.
Dos gobiernos después, nada cruza
Han pasado más de cuatro años desde la adjudicación del proyecto. Dos gobiernos después, el concreto sigue sin aparecer. Lo que debía ser una solución temporal —un badén provisional— terminó convertido en la única alternativa para cruzar el río.
Durante el invierno, el río El Túnico crece y el paso se vuelve una amenaza constante. Motocicletas cargadas a pulso, personas esperando durante horas para cruzar, familias que pagan hasta GTQ1 000 por un viaje en lancha para entrar o salir del municipio. No es exageración: es la rutina diaria.
Mientras tanto, las autoridades repiten una lista conocida de argumentos: contratos complejos, empresas que se retractan, trámites pendientes, auditorías necesarias. O bien señalan que el problema se originó en el gobierno anterior y aseguran que existe “buena voluntad”. Cambia el discurso, no el resultado.
En los últimos años han pasado al menos cinco ministros de Comunicaciones. Ninguno dejó el puente terminado. Cada uno heredó el problema y lo volvió a heredar, como si se tratara de un expediente maldito.
La ausencia del puente afecta a todo El Estor, a comunidades del Polochic y a las rutas hacia Panzós, Senahú y zonas rurales de Alta Verapaz. La economía local se estanca, los productos no salen, las emergencias médicas se retrasan y la educación se interrumpe cuando el río impide el paso.
Para la población, el problema ya no es solo una obra inconclusa. Es la sensación de abandono prolongado. “Sus discursos no nos ayudarán a cruzar el río. Llevamos años escuchando que los trabajos concluirán; parece que el Estado no existe”, expresaron los afectados.
La responsabilidad recae en el CIV, a través de la Unidad Ejecutora de Conservación Vial (Covial). La CGC realiza auditorías y ha sido requerida por diputados de distintas bancadas para investigar el uso de los fondos públicos.
El CIV anunció que, tras el vencimiento del contrato el 9 de diciembre de 2025, se ejecutará la fianza y se presentará una denuncia penal contra Multiservicios Ramírez. Luego se iniciaría un nuevo proceso de licitación que podría tardar hasta un año más. Para las comunidades, esa explicación no es nueva: otro plazo, otro proceso, otro invierno sin puente.
El Día de los Santos Inocentes recuerda una tragedia bíblica. En Guatemala, se convirtió en una jornada de bromas. Pero en El Estor no hay risas. Aquí, los inocentes pagan el costo de promesas oficiales y declaraciones que nunca se materializaron.
El puente Túnico no es solo una obra inconclusa. Es el retrato de una cadena de irresponsabilidades que atraviesa gobiernos, partidos y discursos. Una broma repetida, financiada con fondos públicos y cobrada a comunidades que solo piden algo elemental: cruzar un río sin miedo.
Quizá algún día, cuando el puente esté realmente terminado, alguien vuelva a decir que “ya está construido”. Ojalá, para entonces, deje de sonar como una burla.

Alejandro Palmieri
La nueva primavera, la que trae lluvias en diciembre
742 palabras | 4 minutos de lectura

Hoy se celebra el Día de los Inocentes, esta fecha mágica en la que los guatemaltecos nos hacemos chistes unos a otros para no terminar llorando por la realidad. Porque, ¿quién necesita terapia cuando tienes un gobierno que te da material fresco todos los días? Hoy, en honor a esta tradición, vamos a “celebrar” la situación política y de seguridad en nuestra querida Guatemala bajo el gobierno del Movimiento Semilla. Sí, ese partido que llegó prometiendo una nueva primavera y nos ha dado un jardín lleno de maleza, fugas y promesas electorales incumplidas. ¡Pero con buen humor, eh! Vamos a burlarnos un rato, porque si no nos reímos, lloramos.
Empecemos por el gran logro en materia de seguridad: la fuga masiva de 20 reos del Barrio 18 de la cárcel de Fraijanes 2 en octubre de este año. ¡Qué hazaña, señores! Imagínense: 20 pandilleros de alta peligrosidad, cabecillas incluidos, se “escapan” como si fueran turistas en un tour por las fronteras con Honduras y México. El presidente Bernardo Arévalo, en su infinita sabiduría, destituyó al ministro de Gobernación, Francisco Jiménez, y hasta hubo allanamientos en el ministerio por supuestas irregularidades. ¡Bravo! Esto no es una crisis de seguridad; es una estrategia innovadora para descongestionar las prisiones. ¿Sobrepoblación carcelaria? ¡Problema resuelto! Ahora esos muchachos están libres para “contribuir” a la economía, y el gobierno puede presumir de haber liberado recursos.
¿Quién necesita barrotes cuando tienes fe en la rehabilitación express? Y no olvidemos que esto desató una caza en las fronteras, como si estuviéramos en una película de acción barata. ¡Pura adrenalina para el pueblo!
Pero no todo es fugas y pandillas; hablemos de los éxitos administrativos. Tomemos el famoso convenio con UNOPS, esa joyita de la ONU para comprar medicamentos y equipo médico. El gobierno lo firmó con bombos y platillos, prometiendo ahorrar millones y combatir la corrupción en las compras de salud. ¡Y vaya que lo hicieron! Resulta que el Ministerio Público (MP) lo investigó por irregularidades y corrupción presidencial, argumentando —con razón— que violaba normas legales. Al final, el gobierno tuvo que dar marcha atrás, reconociendo que era un enredo legal. ¡Pero qué éxito rotundo! En lugar de enriquecer a las farmacéuticas locales, enriquecieron las arcas de la burocracia internacional. Es como si dijeran: “¡Miren, evitamos un escándalo al crear otro!” Gracias a esto, los guatemaltecos seguimos esperando medicinas a precios justos, pero al menos tenemos la satisfacción de saber que Semilla es experta en “transparencia selectiva”. ¿Ahorros? Casi 90 millones, dicen ellos, pero ¿dónde están? Probablemente en el mismo lugar que las carreteras reparadas: en el limbo.
Ah, y hablando de carreteras, no podemos olvidar el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV), ese tiovivo de ministros que gira más rápido que un trompo en fiesta patronal. Desde que Arévalo asumió, hemos visto más cambios en ese puesto que baches en las carreteras. Primero fue uno, luego otro; en enero de 2025 nombraron a Miguel Ángel Díaz Bobadilla, y para noviembre, ya había salido. En total, más de 60 relevos en el gabinete en 22 meses, con Comunicaciones como estrella del show. ¡Qué eficiencia! Cada nuevo ministro llega con promesas de pavimentar el país entero, pero lo único que han cambiado es la “carpeta asfáltica” de los nombres en las tarjetas de presentación. ¿Carreteras nuevas? ¡Ja! Las mismas, con más hoyos que un queso suizo. Es como si Semilla creyera que rotando funcionarios se arreglan los puentes colapsados.
Mientras tanto, los guatemaltecos seguimos esquivando cráteres en las rutas, pensando: ¿Esto es progreso o un rally extremo? Y no es solo eso; la situación general es un chiste continuo. El gobierno enfrenta falsas conspiraciones eternas, falta de independencia judicial y retos de seguridad que van desde pandillas hasta corrupción interna. Semilla llegó con ideales altos, pero aquí estamos con una “nueva primavera” que se siente como un invierno eterno.
¿Mejora en la seguridad? Más bien, un reality show de mala calidad. ¿Política limpia? Convenios que se deshacen como algodón de azúcar en la lluvia. En fin, inocentes, riamos hoy porque mañana volvemos a la realidad. Este gobierno, con sus “logros” y cambios constantes, nos demuestra que las promesas son como los chistes: divertidas solo por un rato. No es peor que los anteriores, pero tampoco mejor. Es lo mismo con un logo nuevo: corrupción disfrazada de esperanza, inseguridad con etiqueta “progresista”.
¡Feliz Día de los Inocentes! Y recuerden: en Guatemala, los políticos son una broma, pero un muy mal chiste.
![]() Por: Ana González | ![]() Por: Reynaldo Rodríguez y Miguel Rodríguez |

